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| Dogma: La película del cineasta Kevin Smith |
Las instituciones
religiosas, y no hablo sólo de la Iglesia Católica , sino de todas las doctrinas
religiosas, no saben o no quieren adaptarse a los nuevos tiempos. Rechazan
constantemente enfrentarse a problemas serios, actuales y necesarios, que a
todos pueden afectarnos de alguna manera: Preservativos, aborto, transfusiones
de sangre, homosexualidad, misoginia, castidad o abusos a menores, por citar
solamente algunos que me arriban a la sesera.
Hablo desde mi experiencia
(o inexperiencia a mis sólo 34 años que dirán algunos) y juventud, y ante todo
quiero mostrarme cauto y muy respetuoso con la fe del personal, antes de que
éste empiece a ciscarse en mis muertos y me tilden de hereje y sacrílego.
Su seguro servidor está bautizado, ha recibido la Primera Comunión y la Confirmación y, aún así, hace ya muchísimos años que no cree en ese Dios ni en ese cielo azul tan magnífico que nos venden y, para serles franco, tampoco piensa que vaya a quemarse en las calderas del infierno más de lo que puede chamuscarse en una mañana de playa sin crema protectora. Ustedes ya me entienden.
Su seguro servidor está bautizado, ha recibido la Primera Comunión y la Confirmación y, aún así, hace ya muchísimos años que no cree en ese Dios ni en ese cielo azul tan magnífico que nos venden y, para serles franco, tampoco piensa que vaya a quemarse en las calderas del infierno más de lo que puede chamuscarse en una mañana de playa sin crema protectora. Ustedes ya me entienden.
El menda, que permítanme
indicarles, no es tonto, es consciente de la complejidad del asunto y, como
cualquiera, se cuestiona desde hace muchos lustros las grandes preguntas de la
humanidad: ¿De dónde venimos?, ¿A dónde vamos? Y, sobre todo, el eterno
interrogante: ¿Por qué estamos aquí?
Desde que el hombre es
hombre no ha dejado de utilizar la violencia para imponer sus creencias a sus
semejantes, dejando un reguero de sangre y destrucción a cada paso. En el
nombre de Dios se han cometido crímenes tan atroces y terribles que valga la
expresión no hay Dios que lo justifique.
Las creencias son muy
peligrosas y pueden llegar a volver loca a la gente. Una persona con
‘creencias’ puede entregarse a los demás, ayudando hasta extrememos
inimaginables, pero otras personas también ‘creyentes’ luchan y matan por su
credo, cegadas de ira, sin importarles qué y cómo. Son capaces de cometer
cualquier acción para ponerla en práctica por muy drástica que resulte.
Hay personas con
‘creencias’ para las que el fin justifica los medios, y lo que es peor, sin
importar éstos o sus consecuencias. Tal fanatismo nunca podrá conducir a nada
bueno.
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| Homer tiene ideas y Flanders creencias. ¿Cuál es más feliz? |
En mi humilde y sincera
opinión, para conseguir la anhelada paz y felicidad espiritual en nuestro
interior, es muchísimo mejor y tremendamente más práctico tener simplemente
‘ideas’.
Cierto es que también hay y siempre habrá ideas manifiestamente mejorables y hasta abominables, pero las ideas no son para siempre.
Las creencias se profesan, por el contrario las ideas simplemente se intentan poner en práctica. Una creencia puede ‘envenenar’ nuestra alma lentamente resistiendo ya como algo imperecedero o innato en nuestra naturaleza. Una idea sin embargo puede ser cambiada, modificada, revisada, olvidada incluso sin que nuestra moralidad, conciencia o sentido del deber nos jueguen una mala pasada.
Cierto es que también hay y siempre habrá ideas manifiestamente mejorables y hasta abominables, pero las ideas no son para siempre.
Las creencias se profesan, por el contrario las ideas simplemente se intentan poner en práctica. Una creencia puede ‘envenenar’ nuestra alma lentamente resistiendo ya como algo imperecedero o innato en nuestra naturaleza. Una idea sin embargo puede ser cambiada, modificada, revisada, olvidada incluso sin que nuestra moralidad, conciencia o sentido del deber nos jueguen una mala pasada.
Las críticas constructivas
pueden ayudar a cambiarlas. Nuestro modo de ver las cosas también, así como
nuestras experiencias en la vida, en el amor o en el trabajo. ¡Tengamos buenas
ideas para con los demás, sin importarnos su condición o su credo! ¡Ideemos
como ser mejores personas! Basemos nuestra vida en las buenas ideas, que nos
conducirán irremediablemente hacia las buenas acciones.
Así sea. Amigos: No sé que
me deparará la vida más allá de la muerte, pues ya les adelanto que no ‘creo’
absolutamente en nada. Pero lo que sí es cierto es que, como ustedes
sospecharán, tengo una buena ‘idea’.


