Don de Loch Lomond

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martes, 12 de marzo de 2013

Tintín es inocente


Enrique Falcó. Tintinólogo.
Tintín en el Congo, con diferencia, junto a Los Soviets y a Tintín en América uno de los ejemplares de los que guardo menor interés de mi querido reportero.
Tintín en el Congo, con diferencia, junto a Los Soviets y a Tintín en América uno de los ejemplares de los que guardo menor interés de mi querido reportero.
      “Tintín en el Congo” era uno de los pocos ejemplares de las aventuras de mi querido Tintín que no podía encontrar de pequeño en la biblioteca de mi padre. Allí sin embargo siempre estaba uno de mis favoritos, “El Cangrejo de las Pinzas de Oro”, la primera aventura que protagonizaría Tintín junto al viejo Capitán Haddock, íntimo del LOCH LOMOND como quien suscribe, y con su interminable y desternillante lista de insultos y abruptos.

      También la doble aventura de "El Secreto del Unicornio” y “El Tesoro de Rackham El Rojo” que me maravillaban y devoraba como unas 150 veces al cabo de la semana.  La historia del Congo sin embargo apenas la habré leído una docena de veces en mi vida, y no miento si comparto con ustedes que junto a “Tintín en el país de los Soviet”, y quizás “Tintín en América” es uno de los cómics del periodista (el mejor periodista del mundo entero) que considero prescindible para todo aquel que quiera descubrir la magia de la mayor creación de Hergé.

     Jamás recomendaría su lectura a un joven ávido de adentrarse en el fascinante universo del simpático reportero del mechón, porque como en toda fase de un gran artista, los comienzos no son sino la base donde se han de forjar sus mayores éxitos en el futuro.

El bravo Tintín nunca cedió al desánimo para encontrar a su querido amigo Tchang al que todos daban por muerto.
El bravo Tintín nunca cedió al desánimo para encontrar a su querido amigo Tchang al que todos daban por muerto.

La primera vez que pude disfrutar de su lectura no fue sino en la biblioteca de mi colegio, El General Navarro de Badajoz

No se me olvidará nunca que mi amigo Adolfo Campini, gran aficionado también a sus aventuras, se me adelantó y tuvieron que pasar varios días para que lo devolviera y pudiera tomarlo prestado. No me agradó especialmente.




Los congoleses aparecen reflejados como un poco idiotas la verdad. Llaman a Tintín “Siñor” y éste los engaña y domina con excesiva facilidad. El maltrato a los animales es otro de los temas que no me hace ni puñetera gracia. Nunca me imaginé que Tintín pudiera sentir afición por la caza ni aniquilar de forma tan salvaje e innecesaria a un rinoceronte con dinamita como ocurre en el álbum. Algo que jamás permitiría el Tintín de “La Isla Negra” cuyo “monstruo”, el gorila Ranko, quien atemorizaba a los visitantes de las ruinas del Castillo de Ben More, lloraba desconsolado cuando se despedía del noble Tintín, quien lo liberó de sus opresores y lo donó al Zoo de Glasgow. O aquel Tintín que no podía evitar las lágrimas mientras creía que los malvados secuaces de Rastapopoulos habían asesinado a balazos a su querido perro Milú en “Vuelo 714 para Sidney”.

Tintín, el bravo y valroso periodista, siempre deja huella por donde pasa.
Tintín, el bravo y valroso periodista, siempre deja huella por donde pasa.

El del Congo no es más que el resultado de una serie de circunstancias en las que  George Remí se vio envuelto a principio del año 30. 

El antiguo y vasto Congo Belga, el actual Congo, necesitaba promoción, y nadie más apropiado que el famoso reportero Tintín para suscitar el interés de los jóvenes Belgas. El problema fue, que al contrario de lo que ocurriría años más tarde, donde la documentación de Hergé era tan exquisita como enfermiza, el conocimiento sobre el tema a tratar era prácticamente nulo y Hergé se vio obligado a basarse en antiguos prejuicios de la época, tan lamentables como desafortunados.

Él mismo catalogaría años más tarde aquel suceso como un error de juventud.

Aun así, mi menda animaría a su lectura una vez disfrutado algunas de sus más épicas aventuras, como curiosidad, como el principio de la forja del mito. Y de acuerdo que quizás el álbum de Hergé es infantilista, racista, paternalista, y muestra una imagen imposible de un país y una raza, pero aun así es necesario para la transformación de un personaje que vuelve loco a millones de personas desde hace más de 80 años.

Lamentablemente, dicho cómic se enfrenta desde el pasado viernes a un juicio por racismo ante un tribunal belga, animado por un (supongo) aburrido y ofendidísimo ciudadano congolés que reclama la prohibición de la obra o la introducción de un mensaje de advertencia sobre su contenido.


¡Qué vergüenza! Al bravísimo, noble y valeroso Tintín lo quieren condenar por un desliz de su creador cuando éste contaba tan solo con 23 años. De nada sirve que se jugara la vida en “El Loto Azul” para salvar a su joven amigo chino Tchang de morir ahogado en un río, o sortear mil peligros para volver a rescatarlo de un accidente aéreo en las cimas nevadas del Himalaya, viéndoselas incluso con el legendario Yeti, el abominable hombre de las nieves. Tampoco que limpiara Chicago de Gansters y que acabara con el mismo Al Capone.

En ningún momento  mostrarán clemencia al intrépido Tintín por haber sido el primer hombre en pisar la Luna, o por acabar con el tráfico de Opio en Shangai. No obtendrá ningún trato especial ni de favor alguno por ayudar a S.M. Muskar XII a recuperar el Cetro de Ottokar y evitar así un golpe de estado en Sildavia. ¡Parece mentira que quieran condenar por racista al mismo Tintín que salvó a un grupo de africanos de ser vendidos como esclavos cuando acudían en peregrinación a La meca!

Allá ese ciudadano congolés con su conciencia en su afán por condenar a quien es un ejemplo a seguir para los hombres.

Esperemos que la justicia no flaquee y el gran Tintín pueda salir indemne del daño y limpiar aún más su buen nombre.

¡Lo siguiente será una denuncia por maltrato infantil por la merecida azotaina que Tintín le propina al “corderito de azúcar” Abdallah en “Tintín en el país del oro negro"!
No hay vuelta de hoja. Ni debate alguno. Tintín es inocente. “Yo incluso añadiré algo más mi querido Hernández. No hay salsa de soja ni petate alguno, pues es inocente Tintín”.


Publicado en Diario HOY el 02/10/2011

miércoles, 6 de marzo de 2013

Descubriendo a Tintín

Tintín y sus amigos
El famoso periodista Tintín junto a su inseparable Milú y algunos de sus mejores amigos.

No deja de resultarme increíble que existan tantas personas que no conozcan a Tintín, o más bien sus aventuras, es decir, sus cómics, ya que el personaje es de sobra conocido en todo el mundo. 

Dicha incredibilidad se torna más patente cuando la persona es conocida mía y somos más o menos de la misma generación, o lo que es lo mismo, que contamos con veinte-muchos o treinta-y pocos años.



Capitán Haddock; íntimo del LOCH LOMOND como quien suscribe
El Capitán Haddock y el Loch Lomond... Inseparables
Algunos, animados por mí, se han decidido a leer sus aventuras, y no todos acaban de pillarle la gracia a la maravillosa e influyente creación de Hergé, por lo que se me ha ocurrido escribir una especie de guía para iniciar a mis amigos lectores a tan grato e interesante divertimento, como son las aventuras de mí querido Tintín.

¡Ojo a los más puristas! Que no pretendo formar a tintinólogos ni profundizar sobre los aspectos políticos -sociales que acontecen en las aventuras del famoso periodista, simplemente es una manera de acercar el personaje a quienes aún no se han sentido tentados por su irresistible atractivo.


Hoy, para ir abriendo boca, me limitaré a contarles que Tintín no es más que un joven e intrépido periodista belga, adscrito al prestigioso semanario “Petit Vingtieme”. Su edad es desconocida (Más que un adolescente y menos que un adulto) así como sus circunstancias familiares o afectivas, pero lo que es indudable es que posee unas extraordinarias cualidades detectivescas que le llevan a resolver los más misteriosos enigmas

Es curioso que apenas se le pueda ver una o dos veces realizando labores periodísticas, pero él siempre se presenta como periodista o reportero, y continuamente se refieren a él como “el famoso periodista Tintín”.


Su educación, temple, sentido de la justicia y su valentía son algunos de los rasgos más sobresalientes de su personalidad. Siempre va acompañado de su inseparable perro Milú, el Fox Terrier más famoso, valiente e inteligente del mundo entero. 

A medida que avanzan sus aventuras, en los 5 continentes, ya sean países reales o ficticios, aparecen los secundarios de lujo, tan famosos o más que el propio reportero, como el Capitán Haddock, un viejo lobo de mar, íntimo del Loch Lomond, como quien suscribe, y con una lista interminable de originales insultos en su paladar. También, como no, los policías – detectives Hernández y Fernández (Yo aún diría más) o el despistado y duro de oído Profesor Tornasol.



Tintín, el viejo Capitán Haddock, Los Hernández y Fernández y el profesor Tornasol
Cabe destacar que nunca el apartado económico ha supuesto problema alguno para Tintín, así como la facilidad para pilotar toda clase de engendros mecánicos y voladores. 

Aunque a primera vista  no lo parezca, nuestro amigo Tintín es un tipo duro, que sabe pelear, y siempre está dispuesto a acudir al mismísimo infierno si se trata de ayudar a sus amigos.



Si aún no se animan a leer sus aventuras piensen que algo tendrá este muchacho entre rubio y pelirrojo, con su característico mechón y de edad indefinida, que vuelve loco a millones de personas desde hace más de 80 años. Leer a Tintín significa divertirse y entretenerse aprendiendo los mejores valores. Cuando era niño, los catarros me los curaba con un vaso de leche caliente y un cómic de Tintín.



Sus aventuras están asociadas a una parte de mi vida y es justo que quiera compartir algo tan entrañable con los amigos de este blog. Tintín es el héroe, el amigo fiel del que siempre se puede esperar lo mejor. Pretender ser como Tintín significa desear ser mejor persona cada día.

Si tras leer estas líneas, se animan por fin a conocerle, poco a poco les iré recomendando cuales han de ser sus primeras lecturas. Vayan haciendo hueco en la estantería, porque les aseguro que acabarán rindiéndose. “Yo incluso añadiré algo más mi querido Hernández: Vayan rindiéndose porque acabarán haciendo hueco en la estantería”.