Don de Loch Lomond

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viernes, 7 de noviembre de 2014

Bateristas, estereotipos y habilidades



Jesús del Castillo "PrinzeRocks" engloba a la perfección las habilidades de un buen batería.



Aunque en realidad, todos los músicos son especiales de una u otra manera, hay que reconocer que los baterías distan mucho de acercarse a la normalidad. Para bien o para mal, los portadores de baquetas, instrumentistas de platos, bateras, tocadores de caja y timbales, batacas, drummers, percusionistas, o como cada uno buenamente les denomine, son distintos, especiales y muy particulares.

Y curiosamente son siempre escasos. Hace más de diez años que abandoné la música en activo, y según me cuentan mis amigos del mundillo musical, aún sigue en alza la cotización de un buen batería estés donde estés. Da igual que nos encontremos en Badajoz, Salamanca, Madrid, Barcelona, Sevilla o Granada. Allí donde vas los baterías no abundan, y los buenos ni hablamos. En detrimento de guitarristas, cantantes, teclistas, bajos y demás.

Supongo que una de las causas naturalmente será aquello del vil metal y la voluminosidad que encierra a tan particular y extraordinario instrumento. Es mucho más económico y práctico, por razones de espacio, comenzar con una sencilla guitarra o teclado, instrumentos que puedes adquirir a módico precio y con los que puedes practicar hasta caer rendido en tu propia habitación sin molestar a nadie.

Larry Mullen JR. Pedazo Batera

Conste en acta que me parece loable el interés hacia cualquier instrumento, ya sea la guitarra, la viola, el contrabajo, la dulzaina o el ceremín, pero gracias a Dios siempre existen quienes no se doblegan hacia la practididad y el conformismo, y desafían a la economía y los rigores de elegir tan gitantesco artefacto, el cual otorgará algo más que ritmo a los sueños y melodías que se traducen en bellas canciones.

Mientras los guitarristas, bajos, teclados, pianistas o violinistas miman sus herramientas, los baterías no se cortan a la hora de golpear timbales y platillos, siguiendo la inteligente máxima que afirma: “Para eso están”.

A los bateristas no es necesario que les indiquen que bajen o suban el volumen, porque nunca es necesario que su sonido sea amplificado en un pequeño local de ensayo, y es cosa inútil y tontería pedirles que reduzcan su intensidad de golpeo, porque sabes de sobra que no lo van a hacer. 

Algo parecido a lo que durante toda la historia de la música llevan haciendo otros intérpretes y ejecutantes, como los guitarristas, quienes cuando les piden que bajen el volúmen de sus amplis ellos “hacen como si lo bajaran” y todo el mundo sabe que en realidad no han alterado a la baja el sonido, sino que incluso han aprovechado para subirlo un poquito. Este hecho, por cierto, también se repite constantemente en cualquier ciudad del mundo mundial y en cualquier época, cultura o dimensión del universo (musical).

Pero bromas aparte, siempre me he sentido interesado por este maravilloso y estruendoso instrumento, así como por los músicos que ejecutan sus pistas y directos. ¡Que descorazonador que todavía se piense a priori en el batería como en el más torpe o bruto de la banda!

¿El batería tenía que ser un burro y llamarse "Tonto"?


 El mundo audiovisual tiene bastante culpa en este sentido y ha ayudado bien poco a la dignidad de quienes ejecutan tan importante instrumento en las formaciones musicales.

Nunca les perdonaré a los creadores de Los Trotamúsicos que fuera un burro el batería del cuarteto de Bremen, portando además para más celebridad un nombre como “Tonto”, pues no me negarán, amigos lectores, que tal elección encierra una cantidad de mala leche amén de negativas denotaciones y comnotaciones.

Aun recuerdo una de mis películas favoritas de todos los tiempos, The Commitments, dirigida por Alan Parker en 1991, de obligada visión para todos los amantes de la música, en especial para aquellos inmersos en la adolescencia con la intención de formar una banda o grupo musical.

En este film, entre otras cosas, todos aprendemos cual es el importante papel de un buen mánager. Parece que estoy viendo a Outspan Foster, guitarrista del grupo, fascinado por el nuevo amplificador para la banda, preguntándole al mánager Jimmy Rabbitte: “Increíble… ¿De dónde lo has sacado?”- “¡No preguntes!”- Responde el mánager con mala leche y cara de circunstanscias. ¡Eso sí que es un mánager, sí señor!

Billy Mooney, primer batería de "The Commitments"


Pero en el asunto de los baterías la película no ayuda en absoluto a forjar buena imagen de los bateras. 

En uno de los ensayos, Deco, el extraordinario vocalista interpretado por Andrew Strong, se sienta a los tambores y comienza a golpear timbales y platos provocando un ruido de mil demonios.

-”No es tan difícil tocarla eh?”- le inquiere con mala leche al baterista. “Hay que tener coordinación y habilidad”- contesta el ofendido bataca. “¡Nunca podrás tocarla!”.

En otra escena, en la que el personaje de Billy Mooney, primer batería de la formación, le comunica a Jimmy Rabbitte que abandona el grupo, el mánager indignado le responde: “¡Que te jodan, cualquiera puede tocar la batería!”- Algo con lo que el menda (Nobleza obliga) no puede estar más en desacuerdo. Y como colofón el mánager coloca nada menos que a Mickah Wallace, un pedazo de bestia, animal de bellota mega violento que encima acaba tocando bastante bien.



Recuerdo que en películas clásicas y entrañables como Great Balls Of Fire no se le dedica a este instrumento ni una sola frase. O incluso en bodrios como aquel intento de mostrar la primera etapa musical de The Beatles, Backbeat,  en donde en alguna escena también se ningunea al baterista.

Aunque justo es recordar que existe alguna otra película en donde el batería se presenta de manera más positiva, como en The Wonders, en la que además de ser el guaperas es el responsable con su cambio de ritmo del gran éxito de la única canción del grupo. 



También recuerdo de manera más cómica a aquel batería de Casi Famosos saliendo del armario justo antes de un accidente aereo que finalmente no se produce.

Musicalmente, destacaría entre las habilidades de un buen batería especialmente su tempo y sentido del ritmo. Aquel que sabe imprimir la velocidad adecuada y mantenerla, elevará sin duda a una banda hacia lo más parecido a la perfección.

Personalmente me gusta pensar en un batería como en una especie de director de orquesta, quien marca el ritmo al principio de la canción, y quien avisa con sus redobles que se aproxima un cambio, la entrada al estribillo o un aumento de intensidad.

Jimmy Chamberlin ¡Excepcional!

Si además de todo esto, hay algo que valore en un buen batería, sin duda alguna ello es la originalidad de sus breaks y ritmos en detrimento quizás de una mayor o menor técnica.



Se critica mucho por ejemplo a baterías como Ringo Starr (Yo mismo en mis artículos en LaCarne Magazine y mi propio blog lo rebajo a la altura de considerar a Paul McCartney mejor batería que él) en detrimento de coetáneos como Charlie Watts, por aquello de contar con más “técnica” al ser éste batería de Jazz. 

 Igual como batería de Jazz sí es posible que el batera de los Stones supere a Ringo, pero como batería de pop-Rock dificilmente lo creo a pesar de su carrera jazzística.

El ritmo de Ringo en temas como “Drive my Car” es fabuloso, incluso en algunas de las primeras canciones como “Rain”, “She Said she said” o “Ticket to ride” las pistas son realmente imaginativas, en las que sin duda influyó McCartney, quien siempre aleccionaba a Starr sobre la importancia de conseguir pistas interesantes.

Aunque no sea el mejor de la historia, Ringo Starr es, en muchos sentidos, inigualable.

El mismo McCartney grabó pistas de batería maravillosas como “Back in the URSS” o “Dear Prudence” del álbum blanco. Pero sin duda en discos como Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967) o Abbey Road (1969) (donde hay un gran trabajo de  timbales y tom) ejecuta el baterista de The Beatles piezas soberbias, y algunos baterías como el propio Phil Collins han declarado en más de una ocasión que no sabrían que hubieran podido hacer al encontrarse con temas como “Strawberry Fields” o “A Day in the life”.

Pero volviendo al tema de las condiciones que debe reunir un gran batería, he de confirmar que me declaro simpatizante activo de aquellos que nunca hacen dos breaks o redobles iguales en una canción.

El gran "Felipe Colinas" ¡Que grande!

Entiéndanme, me refiero a aquellos que son capaces de expresar en cada momento sus sentimientos y por otrora no son amigos de repetir el mismo e idéntico redoble en una canción cada vez, vamos, que se dejan llevar según sus sentimientos actuales.

Quien suscribe era de esos, y he de reconocer que tal particularidad no suele contar  de primeras con el visto bueno del resto de músicos de la formación, por aquellos de no saber muy bien qué es lo que se van a encontrar. Pero así mismo les puedo asegurar que el resto de miembros se acaban acostumbrando e incluso contagiándose de esta actitud, la cual sobre todo en directo otorga un sin fín de satisfacciones.

Los baterías son como son, y así hay que aceptarlos. Y después de todo, amigos lectores, piensen que detrás de una batería existen músicos increíbles, con una gran formación (en especial los americanos) y que son capaces de tocar en tiempos y compases inimaginables, y ello no puede ser más que un don.

Y luego están los solos, que a muchos pueden parecerles cargantes. Pero no dejen de pensar, que lo peor de todo es que después del solo del batería, suele venir el solo del bajo, y eso sí que es otra historia.


http://www.lacarnemagazine.com/lacarne-magazine-no31/
 

miércoles, 8 de octubre de 2014

Plagios, autoplagios y plagios con corazón


El amigo Noel Gallagher, familia directa por parte de padre y madre del plagio en todas sus facetas

En infinidad de ocasiones la palabra música, y en general las canciones, parecen caminar inevitablemente de la mano del siempre incómodo apelativo de plagio, y así lo ha sido y será durante toda la historia de la música, ya que existen quienes aseguran por Osiris y por Apis que la música ya está toda inventada, y que lo único que puede hacerse con ella es intentar otorgar matices propios.
Quede constancia que no soy de los que mira con malos ojos según qué tipo de plagios, si estos se producen, digamos con algo de corazón y buen fondo.
¿Que grupo novel que arranca en el maravilloso mundo de la música no ha creado sus primeros engendros casi parejos a las canciones favoritas de sus grupos o solistas más influyentes? A este tipo de plagios yo los denomino cariñosamente “plagios con corazón”, y algo de morro claro, pero por algún sitio tenemos que empezar. Todos, sin excepción, hemos plagiado nuestras canciones favoritas, y no está mal que así sea hasta que encuentres el camino indivisible hacia tu propio estilo.
La música puede disfrutarse de infinitas maneras posibles, y todas pueden ser maravillosas. Hay quienes prefieren escucharla de fondo, con sonido moderado en el coche o la oficina, para no sentirse tan solos o para eludir el aburrimiento y la monotonía, o quienes, por el contrario, necesitan de su presencia a todo volumen para captar su fuerza y energía. Luego están quienes la disfrutan en la intimidad de su propio hogar, con sus auriculares puestos, soñando que son ellos mismos los músicos ejecutantes de sus canciones favoritas.
Pero les aseguro que no hay mejor manera de abrirse a sus maravillosos sentimientos que creando tus propias canciones en colaboración de otros seres humanos tan locos por la música como tú.
Es divertido, más entrañable e interesante, apreciar en una joven banda sus influencias cuando ofrecen sus primeras canciones. Cada nuevo disco descubierto puede abrir miles de posibilidades. La manera de ejecutar un punteo de guitarra con un determinado pedal, un redoble o ritmo de batería imaginativo, una melodía de bajo bonita o una forma particular de cantar. Todo puede aplicarse a tus propias creaciones, y el cúmulo de aquellas cosas que tanto te gustan, unido a tus propias limitaciones o inmejorables condiciones y talento harán brotar poco a poco tu propio estilo, que a su vez influenciará a otros en esta necesaria e interminable cadena musical.

Tonight tonight,  The Smashing Pumpkins. Maravilloso grupo, bella canción
Hace pocos días, mi amigo Pedro Wichard, vocalista de Darksound compartió en su muro de Facebook el video clip de Blind Melon, “No Rain”, del año 1993. Esto provocó un pequeño ejercicio de morriña entre algunos amigos, que nos lanzamos entre nostálgicos y divertidos a compartir y comentar canciones de grupos de la época como NirvanaSound GardenCollective Soul o The Smashing Pumpkins (y luego algunos dicen que los 90 fueron una mierda). Precisamente, de la banda de Chicago compartí dos grandes temas: “1979” y “Tonight Tonight”. Al escuchar esta útima he de reconocer que una vez más me emocionó su preciosa y emocionante entrada instrumental donde la cuerda se convierte en protagonista, pero lo que consiguió envolverme en un mágico viaje en el tiempo fue ese maravilloso ritmo de caja que Jimmy Chamberlin imprime a la bella canción.

El excelente músico extremeño Óscar Vadillo
De modesta manera, a mis escasas 20 primaveras pretendí “homenajear”, más que “plagiar”, aquel interesante ritmo, y ayudado por mi pareja artística, Óscar Vadillo (actualmente en el grupo valenciano Ambrós Chapel, del que pronto tendremos nuevas musicales en forma de disco) creamos el tema “Charlie”, que fue incluída en aquella primera maqueta de los Left BrothersAbre la puerta (1998), que grabamos junto a Adolfo Campini (Rui Díaz y la Banda Imposible) en los estudios de Puebla de la Calzada de Promúsica de Extremadura, con la inestimable e imprescindible ayuda del gran Armando Mazuecos a los mandos técnicos.
Óscar Vadillo, músico pacense que ha gozado de una trayectoria notable en la región (Violent PopesLeft BrothersLichFantic…) poseía sin duda aquella gran cualidad de beber de innumerables infuencias musicales que luego escupía a retazos en sus numerosas composiciones. Era increíble cómo conseguía mezclar en un tema propio los últimos éxitos de OffSpringOasisGreen Day y Nirvana con una gracia, facilidad y un desparpajo que nos dejaba entre boquiabiertos y fascinados. Aquella maqueta de la que hablamos era en buena parte una muestra inequívoca de “plagios con corazón”, con claras influencias de nuestros grupos favoritos. En especial recuerdo un tema, “Ahora estás tú sola”, en donde mi participación a las baquetas se convierte casi en un “homenaje” continuo a la batería del “Sunday Bloody Sunday” de U2.
¿Pero donde está la línea que separa las influencias innegables del siempre incómodo apelativo de plagio? Sinceramente en muchas ocasiones no existe y son imperceptibles la una sin la otra. Casos importantes en la historia reciente de la música han sido resueltos finalmente por jueces quienes nunca dejan satifechos a los que se mueven al filo de esta linea separatoria virtual.
El “Surfin´ U.S.A.” de The Beach Boys es una canción maravillosa, con gran ingenio vocal y un sólo de teclado formidable, y aunque muy diferente a nivel de producción y ejecución queda totalmente claro a la primera escucha que la melodía y los acordes de guitarra son prácticamente idénticos al “Sweet Little Sixteen” de Chuck Berry.
Un músico omnipresente en el mundo de los plagios a nivel internacional, Noel Gallagher, ha sido declarado culpable de plagiar varias canciones a lo largo de su carrera, y sin embargo nadie lo ha condenado aún por los acordes de piano de la que para mi gusto es su mejor canción, “Don´t look back in anger”, en cuyo principio realiza una dudosa oda al plagio más ordinario y lamentable del “Imagine” de John Lennon, aunque sólo al principio y durante unos segundos, luego se desmarca completamente y podemos disfrutar de una buena canción, ¿Pero quien decide si lo suyo no ha sido más que un “homenaje”, un “plagio con corazón”, o un ejercicio de descaro insultante?

¡Plagio subconsciente? Habrá que creérselo... ¿o no?
Quizás lo más fácil, y la solución menos mala para todos sea la del denominado “Plagio subconsciente”, en la que se hace un reparto más o menos justo y equitativo en cuestiones de derechos de autor y en donde la honra de plagiado y plagiador no sufren más de lo necesario, y si no que se lo cuenten al bueno de George Harrisoncon su “My Sweet Lord”.
Nuestros artistas nacionales tampoco se libran del San Benito del plagio, y si no que se lo digan a los Hombres G y al extraordinario parecido de su “Marta tiene un marcapasos” con el “At the Zoo” de Simon & Garfunkel. Aunque quizás, en los últimos años el caso más sonado fue el del donostiarra Mikel Erentxun y su canción “Grandes éxitos”, perteneciente al Ciudades de paso (2003). Esta canción fue adaptada para convertirse en la cabecera de la popular serie de Tele 5 “Los Serrano”, y posteriormente se comercializó en el disco de Fran Perea cómo “Uno más uno son siete”. Ian Broudie, el líder de The Lightning Seeds, interpuso una demanda deplagio, ya que el tema se parece bastante a la canción “Pure” de los británicos, no obstante la acusación fue desestimada, pero la prensa especializada no otorgó la misma relevancia ni difusión que en su día hicieran de la demanda de plagio.
En el fascinante mundo de los plagios no han de faltar tampoco quienes se plagian a sí mismos, que es una manera infalible para evitar las demandas judiciales. El gran músico Mike Olfield lo hace constantemente, y así, especialmente en sus temas más pop recurre al autoplagio de manera algo más frecuente que lo aconsejable. Y si no se lo creen, escuchen la deliciosa pieza “Moonlight Shadow”, quizás la más conocida del artista, y después “Crimen of passion”, el más que obvio intento de emular el éxito de la primera canción pero con voz masculina. Tal vez si la parte vocal la hubiera interpretado Maggie Reilly en lugar de Barry Palmer, el propio Olfield seguro que se hubiera demandado a sí mismo, aunque de manera subconsciente. Para rizar el rizo, años después Miguel CampoViejo completa su trilogía del auto plagio con “Man in the Rain”, esta vez con la cantante folk escocesa Cara Dillon, y con sospechosa similitud a los dos anteriores temas.

El gran Mike Oldfield, o Miguel Campoviejo, ha hecho del autoplagio un arte como pocos.
De una forma u otra, la música siempre es bella y magnífica, aunque sean plagios, o autoplagios, o plagios subconscientes, o plagios con corazón. Evidentemente, antes de la irrupción de internet era bastante más fácil plagiar que en la actualidad, o quizás habría que matizar que era más fácil hacerlo sin que te pillaran.
A los músicos y a los amantes de la nuena música, nos iría bastante mejor y seríamos mucho más felices si aceptásemos el hecho de que cualquier cosa que se haga es muy probable que ya se haya realizado, y seguramente hasta mejor. Dediquémonos a disfrutar de las buenas canciones sin prestarle demasiada atención de dónde vienen, y sigamos componiendo buenos temas, que diviertan, entretengan y hagan soñar a los demás… aunque algún día transciendan y puedan llegar a ser transmitidas en forma de plagio. De una u otra manera, la música gana, y con ella todos ganamos.


http://www.lacarnemagazine.com/lacarne-magazine-no30/