Don de Loch Lomond

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jueves, 2 de enero de 2014

Badajoz y el Arca de Noé

En Badajoz cuando caen tres gotas parece que nos preparemos para un diluvio


En Badajoz, la lluvia suele envolvernos de manera intermitente durante todo el año, y a pesar de que existen quienes disfrutan bajo su particular ducha de vida y el delicioso olor a tierra mojada, es innegable afirmar que nos crea más problemas de lo necesario.

No debería convertirse en habitual aquello de transformar nuestra pequeña capital en el Arca de Noé cuando apenas el cielo vierte unos cuantos de cientos de litros. 

Las alcantarillas se desbordan en la mayoría de los barrios, solares y garajes se anegan y el asfalto mal parcheado se encharca hasta el extremo de obligarnos a utilizar un calzado más propio de pescadores que de viandantes.

No sé si a las cabezas pensantes de esta ciudad se les habrá ocurrido poner solución al problema, porque digo yo, que a los coches oficiales también se les hará más denso el lento tráfico en la jauría de automóviles en la que se transforma la capital pacense cuando el dios del trueno clama para venir a recordarnos las deficiencias de nuestra ciudad.



Existen quienes cuando vierte la lluvia corren a refugiarse como si en vez de inodora, incolora e insípida agua cayera azufre sobre nosotros. Ellos se lo pierden, pero algunos preferimos mojarnos la cabeza en detrimento de los pies.


La solución de estas vicisitudes, y la descarga de las listas del paro en nuestra ciudad, pasan sin duda por convertirse en mis mejores deseos para los pacenses en 2014. ¡Feliz año!

Audio del programa 30/12/2013