Don de Loch Lomond

Don de Loch Lomond

viernes, 5 de julio de 2013

Violent Popes


Mentiría si no reconociera que el grupo que hoy protagoniza mis viernes musicales, en éste, su blog, merece protagonizar dicho post por reconocimiento y derecho propio, y que nada tiene que ver el hecho, que el menda, o sea, quien suscribe, Enrique Falcó, haya sido el batería de la banda desde casi su formación.


Los comienzos de Violent Popes se remontan al trío Delicatessen, de claro corte acústico. La verdad es que este trío se limitaba a acompañar la espléndida voz de su vocalista Zaira con un par de guitarras, interpretando canciones que venían como anillo al dedo (Temas de Cranberries como “Ode to my family” por poner un ejemplo).




Aún recuerdo la primera ocasión en la que presencié un “concierto” del trío. Se hablaba mucho de ellos en el Instituto (Zurbarán) y yo tenía el gusto de conocer a Zaira Arlandi (Guitarra y voz) y a Millán Vázquez (Guitarra, aunque casi siempre interpretando las líneas de bajo). A quien no conocía era a Óscar Vadillo (Guitarra principal) que por lo visto estudiaba en el Instituto Castelar.



Ya dije que no iba a mentirles. No me gustaron nada. Me parecía que tenían un morro enorme. Instrumentalmente, a pesar de lo básico de su formación eran especialmente flojos. Yo, que entonces militaba en un grupo digamos “serio” aquello me pareció una tomadura de pelo. Además Óscar me cayó bastante mal, a mí y a todos mis amigos, por lo que jamás siquiera se me pasó por la cabeza pertenecer a tal engendro musical.




¡Lo que son las cosas! Poco después Nene Rodríguez, otro compañero del Zurbarán se unió a la banda, que ya había experimentado una radical metamorfosis. Millán y Óscar habían sustituido sus guitarras acústicas por un bajo eléctrico y una guitarra eléctrica respectivamente. Su equipo era más que decente, si tenemos en cuenta que apenas contaban con 17 años por entonces. 

Nene se unió en calidad de segundo guitarra y con la ayuda de algunos baterías y percusionistas de la ciudad, como por ejemplo Israel Marcelo (por aquel entonces batería de LICH) ofrecieron unos cuantos conciertos.



Mi grupo, CuartoMenguante, prácticamente ya no existía, y tras colaborar con alguna formación de la ciudad de manera esporádica, me estaba planteando unirme a un grupo serio, que me ofreciera un proyecto atractivo, y sobre todo conciertos.



Ni que decir tiene que tanto Nene como Zaira me propusieron varias veces que me uniera a ellos, algo a lo que me negué en rotundo (aún recordaba las “actuaciones” de los Delicatessen y lo gordo que me caía Óscar (lo que son las cosas, con quien fundaría un año más tarde Left Brothers y con quien también militaría en Lich).




Pero mira por donde, una tarde acompañé a Nene a un ensayo. Compartían local con Lich, grupo curiosamente, del que yo también sería batería pocos años después, y allí estaba la vieja batería azul con la que ensayaban. 

Ni que decir tiene que era inevitable que me ofrecieran sentarme para improvisar con ellos, y la verdad es que me divertí. Poco después Nene me comentó que habían conseguido un bolo en "El Duende" (ahora Callejón de la Plazuela) y en la Sala Tragaluz, y me ofreció tocar con ellos sólo como colaboración.



Tras el primer ensayo quedé convencido de que me uniría al grupo y permanecería en él para siempre. A pesar de la falta de orden y de experiencia, aquello me maravillaba y lo que era más importante, me divertía tocando como un loco.




Parecerá una tontería pero tras la primera actuación no paramos de tocar y nuestra popularidad iba en aumento. Millán, que además de bajista cumplía con las funciones de manager, se movía increíblemente bien y nos organizó un verano repleto de conciertos (a destacar una actuación en Oliva de la Frontera donde taloneamos a "Los Ronaldos" y jugamos un partidillo de fútbol con ellos donde lesionamos al teclista. ¡Qué recuerdos!).


Como guinda final ganamos sorpresivamente el Festival Oink Rock ante una serie de importantes grupos de la región (LICH, Erospoli, Juego Oculto… entre otros. El premio consistía en 100.000 mil pesetas de la época, que por cierto, a pesar de gastarnos 10.000 en celebrarlo con los amigos, nunca cobramos, pero nos proporcionó el empuje moral que nos hacía falta para decidirnos a grabar nuestra primera maqueta en Jammin (Mérida) maqueta ésta que nos abrió todavía más puertas.




Después llegaron más conciertos, más premios y grabaciones, salidas a Sevilla, Madrid, Festivales etc, hasta que nuestros estudios, trabajos y obligaciones pusieron fin a una banda que, además de dejar un puñado importante de canciones para la historia de la música extremeña, forjó una amistad y un cariño entre cinco conocidos a los que prácticamente convirtió en hermanos para toda la eternidad.



Existen temas de la última grabación del 99 que envejecen estupendamente, como “Mag dogs” o “Fever” que suenan de fábula, pero sin embargo yo me decanto por "Empty Man", "Out" o "Blind Moon" que a pesar de ser de la primera maqueta del 96, con todos sus fallos e imperfecciones, reúne la esencia y la especial magia de aquellos 5 jóvenes pacenses, que con apenas 18 años, revolucionaron el panorama musical de nuestra región.

Disfruten con estos temas y déjense seducir por la magia y la especial fuerza y buenas vibraciones de este grupo irrepetible, tanto en calidad musical, como en calidad humana.

martes, 2 de julio de 2013

El Condensador de Fluzo (01/07/2013)


El primer programa ha sido una locura. Casi no llego ni a la emisión. Cosas de las rebajas que revolucionan esta ciudad, así como su tráfico. Fue el primer programa en general del verano, y como bien dice mi amigo Lolo Merino: Todo primer programa necesita su rodaje.


Lolo Merino en Hoy por Hoy Extremadura


La sección fue muy corta pero pudimos sentar las bases de lo que pretende ser. 

Un divertimento, un entretenimiento ameno que consiga arrancar una sonrisa en la oficina o en el coche, o en casa mientras se limpia o cocina o simplemente uno se relaja.


Hablamos un poco de “Los Goonies”, pinchamos a “Losdesahuciados” y lo que es más importante, nos divertimos.

Ya empiezo a recibir peticiones por las Redes Sociales: (David el Gnomo, Todo en un día, El Secreto de la Pirámide…) y de Grupos extremeños de hoy y de ayer (Left Brothers, Superbólido, Tam Tam Go!).

Los Goonies

Todas estas pelis, series, dibujos y grupos extremeños tendrán su momento durante un verano que promete ser entrañable.


Os dejo el primer audio del programa. Ya sabéis, los Lunes a las 13:30 H en Cadena Ser, y constantemente en Twitter y Facebook.


domingo, 30 de junio de 2013

El Condensador de Fluzo

El Condensador de Fluzo, el invento del viejo Doc Brown, que es lo que hace posible el viaje en el tiempo

El 1 de Julio de 2013 nace una nueva sección en este blog: El Condensador de Fluzo, donde se recogerán mis intervenciones en la sección de igual título que tendrá lugar en el programa “Hoy por Hoy Extremadura” en la Cadena Ser.

Llevábamos tiempo queriendo hacer algo juntos mi amigo Lolo Merino y yo, y siempre el verano es fecha pertinente para temas nuevos, más frescos, diferentes, originales y divertidos

Con este propósito nace “El Condensador de Fluzo” que como bien sabrán los más frikis y aficionados al buen cine, es lo que hace posible el viaje en el tiempo.

Y el título tiene sentido, ya que viajaremos al pasado cada lunes, entre otras cosas para escuchar grandes grupos extremeños que merecen ser recordados, y también para recordar alguna serie, o película, o acontecimiento especial de nuestra época de niño o adolescente, algo que seguro que os gustará a aquellos que rondéis la treintena.

En el primer programa escucharemos a "Los Desahuciados", uno de los grupos pacenses más grandes que ha habido en la historia de la música pop extremeña, y hablaremos sobre una película que marcó a toda una generación: "Los Goonies".

                  "Bocazas" hablando español en la V.O.






Espero que disfrutéis de la sección, y que colaboréis dejando comentarios en este blog, o en las redes sociales que he creado sobre la sección en Facebook y Twitter, también por supuesto entrando en directo en el programa de radio o escribiendo, opinando o sugiriendo grupos extremeños, o películas y series para tratar en diferentes semanas.

Trataré de colgar en este blog cada semana el audio del programa, así como un resumen de lo que ha sido cada emisión. Solo resta desear que disfrutéis tanto como yo y paséis un rato agradable.

Nos escuchamos los lunes, en Cadena Ser Badajoz, a eso de las 13:30, y nos vemos cuando queráis aquí. ¡No dejéis de colaborar!



sábado, 29 de junio de 2013

MICRORRELATO "Diario de una #Nimileurista"


Miró a los ojos al hombrecillo y musitó, lo siento. Y le dio con la puerta en las narices. ¡Que si podía colaborar para ayudar a la gente! ¿Y quién le ayudaba a ella? Ciscándose aun en la humanidad llegó hasta la cocina y encendió la radio. “Hoy por hoy Extremadura” con Manuel Merino - Queda mucho mejor Lolo merino ¡Este idiota no se entera!

- Voy a preparar Pimientos rellenos, con un par - se sorprendió pensando en voz alta -a ver si encuentro con qué rellenarlos.



Tenía frío, pero ni soñar con encender el radiador – “si tienes frío te arropas con la capa de tu tío” - le decía su abuela de niña. Tampoco quedaban pimientos – “si no hay los pintas”. ¡Maldito refranero! El móvil mostraba un número interminable en la pantalla. Por lo visto aun le debo perras al banco. Menos mal que quedan patatas. ¡La vida puede ser maravillosa Salinas!

Presentado al Certamen de Relatos en Cadena del CELARD. Badajoz. Junio 2013

viernes, 28 de junio de 2013

Horario de Feria


Extremadura sigue de feria. Hace poco la hubo en Cáceres; más recientemente, en Plasencia y Arroyo de San Serván. Ahora, en Badajoz y en Coria, reinos ambos de San Juan.

En agosto estarán de feria Jerez de los Caballeros y Salvaleón y, en septiembre, les tocará el turno a Mérida, una de las mejores; Barcarrota, con su Virgen del Soterraño, y Zafra, con su centenaria Feria Internacional Ganadera. Aunque a todo le llamamos ‘feria’, la auténtica feria es la de Zafra, la FIG, mientras que las demás son fiestas, ya con poca o ninguna feria de ganado y de mercadeo, que ese es el auténtico origen de las ‘ferias’ y no el parque temático de tómbolas, casetas y cacharritos que se adosó a los antiguos rodeos de mulas y ganado menor.


   

Feria es una palabra bonita, aunque haya perdido su significado inicial, o tal vez por eso, precisamente. En mi cabeza, tal palabra siempre connotará ilusión, positividad, alegría, buen rollo por los cuatro costados

Será por aquello de que en mi ciudad, Badajoz, la Feria de San Juan irrumpía en la mejor época del año. Al final de las odiadas clases, a las puertas de un nuevo verano que se nos presentaba como el más largo y próspero de nuestra vida, pues apenas habíamos consumido ni uno solo de sus días. Como si fuera un enorme y rico helado al que aún no le has dado ese primer mordisco.

No me atrae ir al ferial a bailar el ‘chunga chunga’ mientras tomo un baño de sudor. Pero sí me gusta dar una vuelta con mi novia, disfrutar del ambiente y tomarme mi cariñena con barquillos. Siempre se lo vi hacer a mi padre y, cuando me hallo en plena faena, sonrío recordando aquellos geniales versos de ‘La venganza de Don Mendo’: «Serena escúchame Magdalena, porque no fui yo… ¡no fui!, fue el maldito cariñena que se apoderó de mí…». 

También me gusta, como a cualquiera, salir a mediodía con los amigos o familiares a disfrutar del ambiente festivo que se respira en la ciudad, y a ponerme ciego de tapitas y rico caldo de la tierra. Porque las ferias de la ciudad de uno son siempre importantes y necesarias, y todos de una u otra manera debemos participar en su disfrute y alegría.



Por este motivo, muchos ciudadanos gozan de un horario especial en sus obligaciones laborales; horario de feria se llama. Los bancos, algunos comercios, la mayoría de las oficinas y demás suelen recibirlo de buen grado, para alegría de sus trabajadores. Mi menda no deja de preguntarse por qué motivo todos los ciudadanos no tenemos el mismo derecho. Está claro que las naturalezas de cada trabajo son diferentes, y bien distintas. De la misma forma, sus prioridades y necesidades. Hasta ahí estamos, pero de igual forma, estos trabajadores también deberían gozar, si no del mismo, de un horario especial, con una reducción horaria para que pudieran disfrutar de la feria con sus familiares y amigos, como el resto de conciudadanos. No comprendo qué derecho ha de tener un empleado de banca sobre un periodista, un médico o un comercial. Un oficinista sobre un croupier, un policía o un camarero. La discriminación no deja de ser aún más significativa y algo indignante en los grandes grupos de empresas, donde algunos departamentos sí disfrutan del horario de feria mientras otros no pueden beneficiarse de él ni recibir compensación alguna.

No estoy muy seguro, ni tampoco tengo intención de descubrirlo a estas alturas, si esto lo decide la propia dirección de la empresa, o los sindicatos o sus respectivas señoras madres, pero cuanto menos es cabreante.

Recuerdo hace ya algunos años, cuando trabajaba eventualmente como auxiliar administrativo en una pequeña oficina. El horario de los demás trabajadores era de 8.00 a 15.00 horas, pero como yo era aún un joven estudiante y me tenían contratado con una especie de subvención, el mío era de 9.00 a 14.00, y los honorarios bastante más bajos que el de los demás compañeros. ¡Faltaría más! ¡Nobleza obliga! Un día nuestro jefe anunció con gran júbilo que todos nos beneficiaríamos de un horario de feria que sería de 9.00 a 14.00 horas. Dicho de otra manera, mi horario habitual. «¿Y entonces, yo qué?», pregunté algo ‘mosqueadete’. Imaginen la respuesta: ajo y agua.

Por lo tanto, a pesar de que la feria es para todos y que se crea un horario especial para que podamos disfrutarla lo mejor posible, desgraciadamente no todos nos beneficiamos de dicho horario. Ya sé que la semana pasada criticaba esta actitud tan nuestra del culo veo culo quiero, de no comer ni dejar comer, de preocuparnos más porque a otros les quiten sus beneficios en vez de luchar porque los obtengamos también nosotros, pero reconózcanme que entienden y comprenden que cualquier honrado ciudadano que trabaje como el que más y que en su propia empresa sufra tal discriminación, cuanto menos, no pueda evitar vislumbrar que su feria no es para él, y por ello es comprensible que se sienta como un ciudadano de segunda. Y luego están quienes, precisamente por ser feria, trabajan más y nunca han sido feriantes. En fin, la feria siempre fue por barrios. ¿O era por horarios?

Publicado en Diario HOY el 19/06/2011

miércoles, 26 de junio de 2013

El niño que subió al Enterprise



Tan inevitable como el respirar es el sano ejercicio de relacionar unas palabras con otras, para que ambas denoten y connoten pareja ilusión, alegría y felicidad, o por el contrario ayuden a diversificar y compartir lo negativo o traumático que nos produzca su imagen mental en lo más hondo de nuestra sesera.

Es curioso cómo esta unión temporal de palabras torna con los años amparándose en la ineludible transformación de circunstancias que padecemos los seres humanos. De niño la feria de San Juan eran “los cacharritos”. Así de sencillo. De adolescente la relacionaba más bien con el botellón y bellas muchachas desprovistas de casi toda su ropa, con pantalón muy ajustado o faldas no más anchas que cualquiera de mis cinturones. Ahora de adulto el nuevo recinto casi ha desaparecido en el horizonte de mis recuerdos, y me contemplo tomando cañas y tapas en los bares de la ciudad, lejos del incómodo tumulto mezclado con polvo al que se le suma un viaje interminable de ida y vuelta.

Si acaso los puestos de cariñena con barquillos, y por qué no confesarlo, aquellas locuciones inolvidables de los “Hermanos Pernía” o la jauría de tómbolas son las que me obligan a pisar, aunque sólo sea por una o dos jornadas, el nuevo recinto. 

Pero trasladémonos de nuevo en el tiempo hacia la infancia, ya que sin duda son los niños pacenses quienes más disfrutan de nuestra Feria.

Cuando era pequeño “los cacharritos” me volvían loco, pero los de los niños pequeños, los más seguros. Aquellos que por ejemplo se limitaban a unas tranquilas vueltas en plan “tío vivo” sin más sorpresa que el arranque de la atracción o un inocente sube y baja. Y así era feliz. Nunca brotó deseo alguno en mi precavida y pueril naturaleza de exponerme a peligro cualquiera por nimio que se mostrara

El menda era más de reírse en “La cámara de los espejos”, aquellos  que deformaban nuestra imagen de manera tronchante, que de gritar como loco en aquel “Tapiz” que parecía que iba a soltarse para mandar a las primeras de cambio a todos sus ocupantes al país vecino. Disfrutaba más tratando de hallar la salida en “El laberinto de cristal” que enjaulándome en “El barco pirata”. Creo que ustedes me van entendiendo.


Siempre contemplé la posibilidad de un accidente en las atracciones de feria como una de las muertes más atroces que se me ocurrían en mi calenturienta imaginación, formada a base de cómics, películas juveniles de Hollywood y dibujos ochenteros, como la celebrada  “Dragones y Mazmorras”, serie infantil animada que ayudó a alimentar mi celo sobre las atracciones, ya que en ella, un joven grupo de amigos, se ve inmerso sin comerlo ni beberlo en una pesadilla cruel y fantasmagórica en lo que a priori era un divertido día en el parque de atracciones.

Esta pequeña aprensión debe de ser algo parecido a lo que algunos experimentan al volar en avión, acción por cierto, que jamás causó miedo o pavor en mi persona. De accidentes en los cacharritos alguno hemos tenido en nuestra ciudad, y varios especialmente desgraciados en nuestro país, pero seamos francos y reconozcamos que son tan poco probables como los accidentes de avión, y que hay más oportunidades reales de pegarse una considerable leche caminando tranquilamente hacia el trabajo que en una de estas atracciones, y esto es algo, que les cuento por propia experiencia.

De repente, la naturaleza sigue su curso y la Feria de San Juan ya no se representa en mi cabeza a través de aquellos “cacharritos” tan ingenuos e inofensivos, y la necesidad y el deseo de hacerme notar ante el juvenil género femenino consiguieron que me convirtiera en un experto en no chocar en “Los Autos de Choque”. Pero el destino no está carente de cierta ironía, y no se iba a conformar sino poniéndome a prueba de la manera más cruel y traumática.


Una noche de San Juan, a mis 15 primaveras, trataba de terminar la noche intentando conseguir algo más que palabras de cierta homóloga femenina mientras acompañábamos a otro amigo y su ligue en un desfile de atracciones cada cual más pavorosa y temible. No sé quien tuvo la maldita idea, pero cuando escuché lo de: “¡Vamos a montarnos en el Enterprise!” no sé muy bien cómo fui capaz de mantener el tipo, fingiendo incluso que ninguna idea por estupenda que fuera me podría apetecer más.

¡Los siguientes minutos fueron horribles! Desde la inquieta calma que precede a la más cruenta de las batallas me di cuenta que jamás volvería a ser la misma persona

Cuando la atracción comenzó a moverse a una velocidad que a mí me pareció la de la luz, de mi alma saltó para siempre al vacío lo poco de niño que quedaba en mi cuerpo de adolescente. Si no vomité ni me mareé, ni expulsé líquidos o sólidos alguno fue sencillamente porque estaba muy concentrado en sujetarme tan fuerte como si temiera soltarme para caer al fondo de las calderas del mismísimo Infierno.

Al terminar de dar vueltas, aquella mágica noche de San Juan me había convertido en un hombre, y como tal, jamás volvió a darme vergüenza alguna reconocer que aquello no era precisamente lo que más me gustaba en el mundo. Es más, desde entonces repetía a viva voz y abiertamente a todo el que quisiera escucharlo que aquello del “Enterprise” era una tontería como un templo más propia de niños que de hombres, y que uno ya estaba muy crecidito para según qué chorradas. ¡Hasta yo mismo me lo creía!


Todavía hoy, alguna noche veraniega de la Feria de San Juan encuentro este trocito de alma infantil perdida dentro de los ojos de algún preadolescente valentón dispuesto a todo por conquistar a aquella niña con la que preferiría estar paseando de la mano e intercambiando sus primeros besos por el ferial, en lugar de someterse a tan singular tortura.



Pero nadie dijo que hacerse mayor fuera cosa sencilla o fácil, y en el transcurso de la vida hay que afrontar peligros inimaginables y situaciones que te gustaría evitar.



Es ley de vida, no siempre puedes quedarte al margen esperando para contemplar lo bien o lo mal que lo pasan los demás en el “Enterprise”. 

sábado, 22 de junio de 2013

Una trompeta lejana


Los peculiares «álbumes-diario» del escritor y periodista Antonio García Orio-Zabala se exponen en la muestra que le recuerda en la Biblioteca Regional

Mi compañero Enrique García Calderón, periodista jubilado, pasó mucho tiempo aquí, en esta misma redacción en la que tecleo estas palabras. Pero es también ese niño al que he visto esta mañana en la foto dispuesta en la vitrina de la Biblioteca Regional, una de las vitrinas que alberga la exposición ‘Antonio García Orio-Zabala. 1913-1975’. La foto está pegada en uno de los numerosos «álbumes-diario» que el escritor y periodista que protagoniza la muestra, padre de Enrique, compuso a lo largo de toda su vida y que han sido donados por la familia a la institución, junto con originales literarios, ejemplares de su biblioteca personal y otros recuerdos.


Y digo compuso porque los diarios no sólo están escritos: llevan pegados fotos y trozos de papel garrapateados, dibujos hechos al alimón y caricaturas. Y una de las fotos muestra a mi compañero Enrique con apenas cuatro o cinco años, sujetando una pequeña trompeta. Su padre cogió aquella foto y escribió al lado: «Enrique sentado en el bar de la fuente toca la trompeta». Y luego, en otro trozo de papel: «Voz lejana! ¡Niño!: Cómo sigas tocando la trompeta, ¡te empujo!»


Recuerdos familiares, casi íntimos como éste, forman parte fundamental de la exposición sobre Antonio García Orio-Zabala, uno de los nombres históricos en el devenir de este periódico y una peculiar personalidad en la forma de hacer periodismo en la Extremadura de la parte central del siglo XX.


De Antonio García Orio-Zabala se cuenta que tenía su propio chófer para venir al periódico; que gozaba una mesa reservada con su nombre en el café La Marina, donde escribía muchos de sus artículos; que fue designado alcalde de La Albuera tras la guerra civil y que suyo fue el artículo ‘Patriotismo’ que provocó el cabreo del gobernador civil del momento y la detención del autor y del entonces director del HOY, Narciso Campillo, que ingresó por ese motivo en la cárcel y llegó a ser rapado como se hacía con los presos de la época. Y todo es verdad.


Enrique dice que la primera y fortísima vocación de su padre fue la militar, siguiendo la tradición de su propio padre y tíos, que fallecieron como consecuencia de heridas sufridas en la guerra de Marruecos. Con ese bagaje ingresó en el colegio militar de Toledo y participó en la guerra civil, de la que no le gustaba hablar. Piensa Enrique que el aspecto inacabado de su novela ‘La última fanega’ se debe a que la narración había llegado al tiempo de la proclamación de la Segunda República y que Antonio no deseaba adentrarse en el relato del periodo de la guerra. Le guardaba algo de rencor a Azaña por haber cerrado la Academia General Militar a la que no pudo asistir y así se lo confesó a Enrique en una de aquellas madrugadas de Badajoz en la que abandonaban juntos el local del viejo HOY en la Plaza de Portugal, Enrique ya corrector y Antonio, redactor de noche, ambos rumbo a las calles Vasco Núñez y Pedro de Valdivia, donde tenían su domicilio.


Tras su fracaso como militar, estudió varias asignaturas de Ingeniería en Madrid pero se volvió a Badajoz a administrar algunas fincas de su madre. Y entonces emergió su vocación de escritor, que se tradujo en novelas, obras de teatro ( ‘Cortijeros’, con música de Joaquín Macedo), sainetes que sus hijas representaban con las compañeras del colegio Santo Ángel ( ‘Compuesta y sin novio’) y pasodobles y poemas diversos, de todo lo cual proporciona mucho material la exposición de Badajoz. Y artículos. Miles de artículos y columnas, otra de las cuales, ‘Navidad en tiniebla’, le costó su destitución como alcalde. 

Enrique dice que su padre no tenía vocación de político ni carnet de conducir y que tuvo que prescindir del chófer a los 50 años, cuando se arruinó. Es entonces cuando ingresó en HOY, del que hasta entonces había sido solo colaborador. «No se le cayeron los anillos por empezar a trabajar a esa edad», narra Enrique.
Su hijo le recuerda feliz en sus últimos años como redactor de cierre en HOY. A los trabajadores del taller les llamaba sus «legionarios». Había sublimado su pasión militar y se había hecho periodista.


Publicado en Diario HOY el 22/06/2013 por Mercedes Barrado Timón