Don de Loch Lomond

Don de Loch Lomond

sábado, 9 de marzo de 2013

Dogma

Dogma: La película del cineasta Kevin Smith

Las instituciones religiosas, y no hablo sólo de la Iglesia Católica, sino de todas las doctrinas religiosas, no saben o no quieren adaptarse a los nuevos tiempos. Rechazan constantemente enfrentarse a problemas serios, actuales y necesarios, que a todos pueden afectarnos de alguna manera: Preservativos, aborto, transfusiones de sangre, homosexualidad, misoginia, castidad o abusos a menores, por citar solamente algunos que me arriban a la sesera.

Hablo desde mi experiencia (o inexperiencia a mis sólo 34 años que dirán algunos) y juventud, y ante todo quiero mostrarme cauto y muy respetuoso con la fe del personal, antes de que éste empiece a ciscarse en mis muertos y me tilden de hereje y sacrílego

Su seguro servidor está bautizado, ha recibido la Primera Comunión y la Confirmación y, aún así, hace ya muchísimos años que no cree en ese Dios ni en ese cielo azul tan magnífico que nos venden y, para serles franco, tampoco piensa que vaya a quemarse en las calderas del infierno más de lo que puede chamuscarse en una mañana de playa sin crema protectora. Ustedes ya me entienden.



El menda, que permítanme indicarles, no es tonto, es consciente de la complejidad del asunto y, como cualquiera, se cuestiona desde hace muchos lustros las grandes preguntas de la humanidad: ¿De dónde venimos?, ¿A dónde vamos? Y, sobre todo, el eterno interrogante: ¿Por qué estamos aquí?

Desde que el hombre es hombre no ha dejado de utilizar la violencia para imponer sus creencias a sus semejantes, dejando un reguero de sangre y destrucción a cada paso. En el nombre de Dios se han cometido crímenes tan atroces y terribles que valga la expresión no hay Dios que lo justifique.

Las creencias son muy peligrosas y pueden llegar a volver loca a la gente. Una persona con ‘creencias’ puede entregarse a los demás, ayudando hasta extrememos inimaginables, pero otras personas también ‘creyentes’ luchan y matan por su credo, cegadas de ira, sin importarles qué y cómo. Son capaces de cometer cualquier acción para ponerla en práctica por muy drástica que resulte.

Hay personas con ‘creencias’ para las que el fin justifica los medios, y lo que es peor, sin importar éstos o sus consecuencias. Tal fanatismo nunca podrá conducir a nada bueno.

Homer tiene ideas y Flanders creencias. ¿Cuál es más feliz?

En mi humilde y sincera opinión, para conseguir la anhelada paz y felicidad espiritual en nuestro interior, es muchísimo mejor y tremendamente más práctico tener simplemente ‘ideas’.


Cierto es que también hay y siempre habrá ideas manifiestamente mejorables y hasta abominables, pero las ideas no son para siempre

Las creencias se profesan, por el contrario las ideas simplemente se intentan poner en práctica. Una creencia puede ‘envenenar’ nuestra alma lentamente resistiendo ya como algo imperecedero o innato en nuestra naturaleza. Una idea sin embargo puede ser cambiada, modificada, revisada, olvidada incluso sin que nuestra moralidad, conciencia o sentido del deber nos jueguen una mala pasada.

Las críticas constructivas pueden ayudar a cambiarlas. Nuestro modo de ver las cosas también, así como nuestras experiencias en la vida, en el amor o en el trabajo. ¡Tengamos buenas ideas para con los demás, sin importarnos su condición o su credo! ¡Ideemos como ser mejores personas! Basemos nuestra vida en las buenas ideas, que nos conducirán irremediablemente hacia las buenas acciones.

Así sea. Amigos: No sé que me deparará la vida más allá de la muerte, pues ya les adelanto que no ‘creo’ absolutamente en nada. Pero lo que sí es cierto es que, como ustedes sospecharán, tengo una buena ‘idea’.