Don de Loch Lomond

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martes, 5 de marzo de 2013

El joven Lennon




Enrique Falcó. Beatleadicto

"El joven Lennon" de Jordi Sierra I Fabra


Quien suscribe siempre anda buscando excusas para hablarles de Los Beatles, de hechos destacados sobre su fascinante historia, sus increíbles canciones, o de cualquiera de los componentes de los cuatro de Liverpool. Aunque ya saben que no es ejercicio muy complicado el encontrar excusas para tal fin.

Los Beatles siempre están de moda, cuanto más en estas fechas de consumo y de regalos, donde su enorme oferta literaria y audiovisual siempre figura en nuestras cartas a Sus Majestades (Jamás al hortera Tío Santa Yanqui).

Pero por estas fechas, ayer concretamente, 8 de Diciembre, se cumple un año más, y ya van 32, desde que un maldito loco mal nacido le arrebatara la vida a John Lennon, tras pegarle 5 tiros por la espalda a las puertas del edificio Dakota de Nueva York

John Lennon sólo contaba con 40 años, y tras un período de 5 de ellos retirado de la escena musical, volvía revitalizado y apasionado para seguir ofreciendo creaciones maravillosas para la historia.

Cuando los genios nos abandonan a tan temprana edad es imposible no torturarnos con la idea de la de cosas maravillosas que nos habremos perdido para siempre. Seguro que el adulto y nuevo Lennon nos hubiera ofrecido dulces y hermosas canciones, al estilo de “Woman”, o tal vez nuevos himnos para la paz como el “Imagine” y el “Give Peace a Chance”. 

Y quien sabe, igual hubiéramos podido soñar con un regreso de los “Fab Four”, aunque siendo realista, dudo que el propio Lennon lo hubiera permitido.



Por más que el vanidoso McCartney haya intentado apuntarse el tanto, fue Lennon quien disolvió a Los Beatles.

Él formo el grupo, y él lo deshizo. Así debía ser. Paul McCartney, siempre supo en el fondo de su corazón, que jamás volvería a tocar la cima sin sus compañeros de grupo, y así ha sido, y ello a pesar de su indiscutible talento.

Aprovechando momentos de debilidad (o devaneos con la droga) de Lennon, hubo momentos en que se creyó que los Beatles eran “su” banda, pero el tiempo, ese fiscal implacable donde los haya ha colocado a cada uno en su lugar.

Desde que Los Beatles llegaron a mi vida, a muy temprana edad, rápidamente Paul McCartney se convirtió en mi músico favorito. Me gustaban más sus canciones, su capacidad de liderazgo, y como no, su excepcional faceta de instrumentista.

El entonces joven McCartney, sin duda el mejor bajista de la historia, nos regaló a los mortales una nueva manera de entender las canciones desde el día en que se colgó su viejo Hofner en forma de violín y se encomendó a la historia junto a Lennon, principalmente, y en menor medida con Harrison y el siempre infravalorado Ringo Star.


No obstante cada día que pasa, Lennon sigue subiendo peldaños en mi particular “Top Four” hasta el punto de poder afirmar que siempre ha sido el más grande de los cuatro

Sus canciones, la magia que irradia con su extraordinaria voz, consiguen cada día estremecer mis sentidos a cada nueva escucha de temas como “Strawberry Fields Forever”, sin duda la canción epitafio que podría representar toda la obra de Los Beatles, en detrimento de los horteras temas McCartney que los más ignorantes siempre destacan, como el caso de “Yesterday” o “Le It Be”. 

Por ello maldigo cada día de mi vida a aquel maldito loco, que acabará sus días en el cadalso, y al que espero que el diablo le haga tragar la barba. Su mal nombre jamás merecerá el dudoso honor de figurar en ninguno de mis escritos.


Al igual que con todo lo que me apasiona, como por ejemplo mi querido Tintín, Los Beatles no iban a ser una excepción en mi inconmensurable profundización hacia su vida y su obra. Ya saben que me prodigo al grado de “frikismo” más absoluto pero sin llegar al término de enfermizo. 

Y así, tras años de escuchar y disfrutar sus canciones, de visionar y leer todo el material que caía en mis manos o podía encontrar, me hallo en la capacidad de poder afirmar que comprendo un poco más la historia del grupo y el porqué del devenir de los distintos acontecimientos.






Existe una gran adoración hacia el grupo más grande de la historia, pero también un gran desconocimiento en lo que confiere a su vida y a las particularidades de sus integrantes como músicos.

El hecho de que a millones de personas le gusten Los Beatles no significa que no hagan gala de una gran ignorancia sobre el grupo.

Y conste que no me parece mal del todo, les gusta lo que escuchan, es simplemente música beatle, buena música, pero algunos, los que sentimos algo más que adoración, no podemos sino maldecir por el Cetro de Ottokar cada vez que escuchamos la primera estupidez que a alguien le pasa por la cabeza, muy especialmente a aquellos que por edad, y haber tenido la suerte de ser contemporáneos, ya creen que pueden saber más que alguien que sólo tenía 2 años cuando nos arrebataron a Lennon.

Posiblemente, el primer libro relacionado con Los Beatles que leí fue a la edad de 13 años: “El Joven Lennon”, de uno de mis autores predilectos: Jordi Sierra I Fabra

En sus páginas podemos encontrarnos una entrañable historia juvenil, que recorre especialmente la adolescencia de Lennon, su amor por la música, su amistad con McCartney, y episodios importantes de su vida como la muerte de su madre.

Recuerdo, como si fuera ayer, que me metí en la cama un viernes por la noche y ya no pude volver a dormirme hasta que terminé la última de sus páginas.

Desde ese momento sus canciones nunca volvieron a sonar igual en mi cabeza. De hecho, la música nunca volvió a sonar igual.



Por eso cada año, por estas fechas, el menda no puede dejar de recordar a Lennon. Al joven Lennon, que a pesar de morir como un adulto, siempre permanecerá joven en nuestra memoria, ataviado con sus características gafas redondas, y esa mirada cargada de melancolía, que transmite idéntica y enérgica magia a través de sus maravillosas canciones.


Una copa del mejor Loch Lomond, en honor de John Lennon y su recuerdo. El mayor genio de la música de todos los tiempos.


Publicado en Diario HOY el 09/12/2012