Don de Loch Lomond

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sábado, 14 de junio de 2014

Cocinar el Loto

 
Foto: Sonia Marques
Falcó, Gómez Espada y José María Cumbreño presentando "Cocinar el Loto" FOTO: Sonia Marques


 En mi adolescencia, la edad del pavo que la llaman, y de la vergüenza ajena, comencé a ser consciente de lo poco apropiado, o incluso, me atrevería a decir poco práctico, que resultaba aquello de juzgar al prójimo a primera vista.

E insisto en definirlo cómo poco práctico por las continuas y repetidas equivocaciones con las que tropezaba al hacerme una idea de cómo podría ser una persona que acababa de conocer.

Al final resultaba casi divertido, y llegaba a pensar. “Este tío, menudo gilipollas, y seguro que al final va y hasta me cae bien...” y así ha sido en muchísimas ocasiones.

Conocer a Ángel Manuel Gómez Espada, mi archi-conocido amigo “el poeta”, quizás vendría a ser de las pocas excepciones que confirman esta particular regla, aunque siempre siguiendo la máxima que asegura que los mejores amigos son los que todavía están por llegar.

John Lennon insistía en que la vida es aquello que transcurre cuando te haces mayor, pero se le olvidó añadir que la gente a la que conoces y a la que llamas amigo, pueden sin duda contribuir a enriquecerla, e incluso como a él mismo le ocurrió, a modificar tu propio destino.

José María Cumbreño, Ángel Manuel Gómez Espada y Enrique Falcó presentando "Cocinar el Loto"

Hace alrededor de 10 años, inmerso en una escuela donde nos formábamos los que íbamos a ser la primera promoción de Croupiers del Gran Casino de Extremadura, se nos avisó de la llegada de un nuevo monitor, que sin duda contribuiría a aleccionarnos sobre nuestra futura profesión.

Entre tanta seriedad y rigor a la que estábamos acostumbrados, Ángel apareció un día por las puertas con aquella corbata de Garfield y ese aura de juventud y frescura que nos embaucó y desconcertó casi a partes iguales.

En cuanto tuve ocasión de observarle, escuchar el sonido de su particular voz, su manera de desenvolverse y aquella sonrisa continua y casi contagiosa supe que sin duda era uno de los míos. “Este tío es un cachondo mental”, pensé, “haremos buenas migas”. Y así fue, aunque les confieso que jamás sospeché cuantas.



Angel Manuel Gómez Espada, escritor y poeta, cinéfilo, fotógrafo, melómano (aunque le echo en cara constantemente que no se ha detenido del todo en la discografía de los cuatro de Liverpool) y en especial, gastrónomo entusiasta, es sin lugar a dudas (y no lo afirmo yo sino la crítica especializada) una pluma fresca, ácida, nueva, irónica y hasta entrañable y poética, por lo tanto altamente recomendable.

No pretendo en este acto, porque entre otras cosas no sabría cómo hacerlo, realizar una introducción o profundo análisis de su brillante obra literaria, ni siquiera de la obra que hoy nos ocupa, este “Cocinar el Loto” ya que aunque dispusiera de tan peliagudo talento sería imposible que me mostrara imparcial.

Para tal fin tenemos la inmensa fortuna de contar hoy nada menos que con José María Cumbreño Espada, con quien es un innegable placer compartir esta presentación.

Pero sí les reconozco que desde que Ángel irrumpió en mi vida, ya no leo ni concibo la poesía de la misma forma.
 
Yo, que solo transigía con el bueno de Gustavo Adolfo, el poeta de los enamorados, o con las inspiradoras coplas de Jorge Manrique, o si acaso los sonetos de Quevedo, y en algunas ocasiones con San Juan de la Cruz, he aprendido de la poesía de Ángel muchas cosas y algunas de ellas me emocionan profundamente.

Sin duda, la más importante, como él siempre insiste, es que la vida es una cerveza con los amigos, o un vino, que de eso él sabe bastante, y doy fe de su magnánima bodega, compartida siempre con sus seres queridos.

La otra, y no de menor relevancia es la que asegura (y no puedo estar más de acuerdo) que los seres humanos somos necesariamente mucho más dichosos buscando y hallando la felicidad en los placeres más sencillos.

En las primeras páginas de este libro nos encontramos con una cita de Juan Cuetos que paso a leerles:

Cuentan las leyendas del norte de África que cuando un extranjero come el fruto del loto se olvida de su patria. A esos amnésicos los llaman lotófagos y es
fama que siempre fue el postre preferido de la raza de los cosmopolitas”.



Al igual que afirma José Daniel Espejo en el prólogo no creo que exista ese loto para Gómez Espada, ni siquiera yo, tintinófilo reconocido, me lo imaginaría en el Loto Azul, aquel fumadero de opio para olvidarse de nadie o de nada.

A Ángel siempre me lo imagino paseando, fotografiando personas o lugares, o quizás observándolos desde un banco en un parque o en cualquier café y de ahí nace sin lugar a dudas esta particular poesía, que más que poesía no deja de ser una vez más, una manera de entender y disfrutar la vida.

Así como mi querido Tintín nunca olvidará aquel encuentro en Sildavia, donde escuchó por primera vez a la Castafiore interpretar el Aria de las joyas del “Fausto” de Gounod, yo nunca podré olvidar aquellos primeros encuentros con Ángel Manuel Gómez Espada, en los que pasamos de profesor/alumno, a compañeros, y poco más tarde a amigos de toda la vida.

Espero que el tiempo, ese puñetero fiscal implacable, nos permita seguir cocinando juntos mucho tiempo, el loto y lo que haga falta.

Mis humildes versos nunca estarán al nivel de los suyos, pero él, como buen poeta, sabe que las palabras llegan más hondo al corazón cuando son tan limpias y puras como la nieve.

Momento de la presentación de "Cocinar el Loto" de Ángel M. Gómez Espada. FOTO: Sonia Marques

Anímense a cocinar el loto con “el poeta” y un último consejo, vayan haciendo hueco en la estantería, porque la obra de Ángel les gustará, y este cocinar el loto no es sino uno más en su extensa obra bibliográfica.

Discurso de Enrique Falcó en la presentación de Cocinar el Loto, de Ángel Manuel Gómez Espada. Badajoz 13 de Junio de 2014. Gran Casino de Extremadura. Salón Mérida.


Noticia de la presentación en Diario HOY.


Noticia publicada en El Periódico de Extremadura









 


miércoles, 13 de marzo de 2013

Ángel Manuel Gómez Espada



Ángel Manuel Gómez Espada
Ángel Manuel Gómez Espada. 

Dentro de la categoría "El loto azul" es un placer presentarles a un nuevo invitado, que no es otro que mi querido amigo “El Poeta”, Ángel Manuel Gómez Espada.

Mi amigo Ángel Gómez Espada con una camiseta que hace honor al cariñoso apelativo con el que me refiero a él.
Mi amigo Ángel Gómez Espada con una camiseta que hace honor al cariñoso apelativo con el que me refiero a él. FOTO: Sonia Marques
La verdad es que de mi íntimo amigo y compañero son pocas las cosas que puedo añadir, pues ya lo he citado con creces en numerosas menciones, tanto en mi blog como en algún artículo en Diario HOY.

Ángel Manuel Gómez Espadanacido en Murcia en 1972, y afincado hace ya 8 años en Badajoz, es un gran y reconocido poeta, como así lo demuestran los prestigiosos certámenes literarios que se ha adjudicado, al igual que sus numerosas colaboraciones en prensa y revistas especializadas.

Es autor de varios libros, de poesía y de narrativa, y además ayudante de dirección de la prestigiosa revista digital “El Coloquio de los Perros”.

Desde agosto de 2011 escribe con regularidad una columna semanal de opinión en el Diario HOY, "Sálvese quien quiera". Los lectores han encontrado en él una pluma fresca, ácida, nueva, irónica y hasta entrañable y poética en ocasiones.


Además de un melómano reconocido, es un devorador de buena literatura y un excelente gourmet. También es aficionado a la fotografía y como no podía ser de otra manera ostenta la autoría del prestigioso blog Rua dos Anjos Pretos.


de izquierda a derecha Enrique Falcó y Ángel Gómez Espada (La vida es una cerveza con los amigos)
de izquierda a derecha Enrique Falcó y Ángel Manuel Gómez Espada (La vida es una cerveza con los amigos) FOTO: Noelia Rodríguez Román
Poseedor de una bodega magnánima de toda clase de caldos, hace bueno su dicho de que la vida es una cerveza con los amigoso un vino, y así, generoso, como su bodega, siempre está dispuesto a descorchar su mejor botella para obsequiar a sus mejores amigos.

Me da igual que lo haya repetido en innumerables ocasiones, pero mi amigo Ángel hace bueno el famoso dicho de  Manolito “Gafotas”, aquel que insiste en que los mejores amigos son los que todavía están por conocer.

Dada su amabilidad habitual sumada al respeto que siente por los lectores de este blog, Ángel nos ofrece hoy un conjunto de poemas aún inéditos para el deleite de todos ustedes. Por lo tanto, sin más preámbulo, aquí les dejo con las espectaculares fotgrafías y la exquisita, nueva, advertida y aconsejable poesía de un buen compañero, excelente amigo, gran escritor y mejor persona.

Ángel Manuel Gómez Espada
Ángel Manuel Gómez Espada



Ángel Manuel Gómez Espada ARCHIPEL
Ángel Manuel Gómez Espada ARCHIPEL

ARCHIPEL
Así comienza todo.
Un parque,
Una pareja.

Comparten
Frío y galletas,
Unos auriculares,
Besos de aprendiz.
Así comienza todo.


II

Todo viaje parte de una isla.
Cada uno de nosotros
También es una isla.

El amor es una forma de viaje.
También.
Que cada uno lo combine como mejor pueda.


III

Unos regresan a la misma isla de siempre.
Otros se pasan la vida destejiendo calcetines,
Disfrazándose de Calipso o de Telémaco.
Los hay que callan,
Y los hay también que otorgan.
Muchos hablan para no decir nada,
Y se sostienen apenas con un vaso de agua.
Algunos viajan para no perderse en casa.

De vez en cuando se da el caso de gente
Que se acerca al mar en silencio,
Contempla la posibilidad insondable de la nada,
Se muerde la tentación obsesiva del viaje.
De entre ellos, unos pocos mojan los pies en el agua
Y andan hacia atrás, si el azar
O una ola les cubre  los zapatos,
Simples cangrejos.

A estos últimos habrás de temerlos.
Llámalos enemigo, cúbrete las espaldas.


IV

Somos islas.
Qué otra cosa sino islas
En una deriva interminable.
La dicha del viaje es sólo equiparable
Al miedo que provoca el regreso.
Saber que hay alguien que teje
Para nosotros una forma de vida
De la que siempre huimos
Y a la que siempre volvemos.


En una isla como ésta comienza todo.
La espera.
La costura.
La mirada perdida en el horizonte
El amor.
La literatura y la vida.

La pareja continúa compartiendo
Auriculares y galletas.

Hago mi foto. Les sonrío.
Me alejo del parque.
Marcho en silencio hacia Saint-Louis.
Otra isla.



Ángel Manuel Gómez Espada EL VIAJE INTERMINABLE
Ángel Manuel Gómez Espada EL VIAJE INTERMINABLE
   
EL VIAJE INTERMINABLE

A José Manuel Gallardo, moneda de pago

Desde la orilla este de este río eterno,
Donde en esta tarde de septiembre
Uno hasta pensaría en la posibilidad
De firmar la paz consigo mismo,

Ahora que, por fin, siento el frío:
Este frío acogedor, con el que uno despide
Al cada vez más aburrido y prolongado estío,
Como tan sólo puede ser acogedor el frío
En esta ciudad de esquinas que te dejan sin habla;

Ahora que me siento tan lejano
De la monotonía del trabajo y de los problemas
Que habitan y regentan mi pobre apartamento,
Que es como decir mi solitario reino,
Las dudas cotidianas que me asaltan;

Ahora que me siento tan lejano de todo eso
Y, por tanto, tan extraordinariamente vivo,
Con la placentera música de fondo
De los latidos de la mujer que quiero,
A pesar de que, algunos días, a su manera,
También se dedique a gobernar mi vida,

Doy las gracias por las películas
Que firmaron Von Trier, Allen y Almodóvar;

Por Granada y Córdoba y sus terrazas
Donde se puede beber un café a tiempo imparcial,
Sin necesidad de fijarse en las prisas de los demás;

Por las infancias que he vivido en La Mancha;

Por la fuerza de los colores imposibles de Van Gogh;

Por Mozart, claro, es evidente que por Mozart;
Y por Bob Dylan y Morente, el padre,
Para que no se queden en el tintero
Del olvido, cada día más seco;

Por el mar en blanco y negro y el sonido
Que de él guardo en mis recuerdos de niño;

Por las tardes sin prisas en el Malecón de mi ciudad
Con algo de Battiato en los auriculares,
Mientras entra descalza la primavera
Y dejan de escucharse las perversas máquinas que nos conducen;

Por el arroz con leche de mi abuela, las natillas de mi tía
Y los paseos hasta los columpios del Floridablanca con mi abuelo;

Por los alumnos que han pasado y que me mandan hermosas
Postales de islas míticas, y en las que me narran, entre otras cosas,
Que mi esfuerzo sirve para algo más que para acercarlos a un libro;

Por los amigos, que siempre que los necesito, se hallan
Al otro lado del hilo telefónico o dentro de una pequeña pantalla;

Por el alcohol que consumieron Pessoa, Poe y Baudelaire,
Por el alcohol que yo consumiré mezclado con amantes;

Por aquellas mujeres, que, de una manera o de otra, me dejaron
Recibir en préstamo durante años y a un interés ridículo
Sus cuerpos y sus ilusiones, hoy seguro que ya lejanas o apagadas;

Por poder disfrutar de esta ciudad única,
Que se dice tuya al primer instante,
Que se entrega ansiosa ya en la primera cita.

Y, mientras la tarde comienza a apagarse,
Doy gracias al mundo por ser mundo,
A pesar de nosotros y nuestra extraña manía de devastarlo,
Y hago unas cuantas fotografías repetidas de otros viajes,
De lugares para mí ya comunes, de los que jamás me canso,
Como tampoco se cansa uno de Kavafis, Jayam o Juan Ramón,
Mis propios paraísos particulares.

Como tampoco se cansa uno de regresar al cuerpo amado,
Tantas veces recorrido y retenido, cuerpo que se prolonga
Hasta esa mano que siempre te pareció diminuta,
Que sientes ahora que te acaricia la espalda y te dice,
Con ese suave y simple gesto, que ya va siendo hora,
Que habrá que cruzar el puente antes que anochezca
Para ir a contemplar, entrelazados
Como para una eternidad, la isla de St. Louis.



CRYING IN YOUR FACE
Ángel Manuel Gómez Espada CRYING IN YOUR FACE
Ángel Manuel Gómez Espada CRYING IN YOUR FACE


Me llamas por teléfono desde el trabajo,
Que estás llorando sin motivo aparente,
Que te duele horrores la cabeza.
Me dices bienvenido a mi realidad cotidiana,
Ésa de la que te olvidas cuando sales de mis sábanas.

Yo le digo que no sé quién es,
Que creo que se ha equivocado de teléfono,
Que los de audioconsulting no somos nosotros,
Que ellos trabajan en la séptima planta.

Te cuelgo y huyo.

Tanto me duele oírte llorar.
Tanto me duele.









Ángel Manuel Gómez Espada RESUMEN DEL VERANO
Ángel Manuel Gómez Espada RESUMEN DEL VERANO


RESUMEN DEL VERANO

Supimos por el olor del musgo
Que las nubes se acercaban veloces.
Ajenos a las advertencias maternales,
Caminamos cientos de metros para ver gotas de lluvia.

Ahora, con los pies frescos, cogidos de la mano,
Esperamos que el arco iris luzca.
Y sin mediar palabras, funámbulos, regresamos a casa.

La cena fría. Después llegarán los besos.
Y el recuerdo de esta breve tormenta
Mantendrá caliente nuestro amor.

Pronto ha de cubrir la nieve estos bosques.
Hará de nosotros otros.


Textos y fotografías publicadas por Ángel Manuel Gómez Espada el 02/11/2011