Don de Loch Lomond

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martes, 12 de enero de 2016

Phil Collins. La batería cargada




El mundo de la música puede ser en ocasiones tan injusto e ingrato como el de la política, y no solo por aquello de la poca sesera del personal, empeñado en negar categóricamente que un artista pueda ofrecer a lo largo de su carrera trabajos mejores o menos exigentes, o incluso alejados del mundo comercial. Existen quienes jamás perdonan un fracaso (no me refiero solo a los críticos musicales), y en ellos no hay marcha atrás posible ni lugar para el perdón o una nueva oportunidad.
A principios del pasado mes de Noviembre, uno de los mayores artistas de la música Pop-Rock de los últimos 30 años, Phil Collins, quien, sin duda junto al vanidoso McCartney y al desaparecido Michael Jackson, es uno de los tres artistas que ha vendido más de 100 millones de discos por todo el Mundo, anunció su vuelta a los estudios tras aquel disco de versiones Going Back (2011), en el cual Collins reversionó temas clásicos del estilo R&B y soul característico del sello Motown.
Problemas físicos, emocionales, de salud incluso, le obligaron a abandonar la industria musical. Recuperado ahora de sus problemas y con las baterías más cargadas que nunca anuncia su regreso, disco nuevo y gira, lo que debería significar para los amantes de la música una noticia cuanto menos alentadora.
Sin embargo existe mucho cachondo suelto, e inculto musical naturalmente, y a modo de cierta guasa se ha erigido una plataforma en contra del regreso de quien ha aportado para la historia canciones a la altura de “Easy Lover” o “In the air tonight” (curiosamente dos elegidas al azar por el menda que cuentan con unos excelentes breaks de batería).

Algunos nunca perdonarán al bueno de Felipe Colinas (perdonen el cariñoso apelativo que ya saben que me encanta) que se encargara de la banda sonora de Tarzán, y que encima ganara un Oscar por aquello. Es curioso pero me vienen a la cabeza acciones parecidas a esta plataforma creada en contra de su regreso, en donde siempre se trata de ridiculizar al genio de Hounslow.

En un capítulo de South Park no sale muy bien parado el genial baterista y cantante, en el que acaba abucheado y manteado por todo el pueblo con su estatuílla del Oscar introducido en salva sea la parte. Otro momento, algo más inocente, sucede cuando en un episodio de Los Simpsons, Bart se lamenta estallando en lágrimas tras una lesión que le impedirá tocar la batería de esta guisa:”Era un gran batería y ahora no soy nadie…. igual que Phil Collins”.



Quien suscribe suele tomarse las cosas con humor, y cuando uno es una estrella mundial, está claro que viene incluído en la nómina encajar este tipo de coñas como lo que son, una burda excusa para echarnos unas risas. Pero habría cuanto menos que exigir un poco de jodido respeto cuando se trata de una estrella mundial de tan alto calibre. Qué quieren que les diga, que sí, que hay muchos temas de Phil Collins que también me parecen una puta mierda, pero eso no significa que no albergue canciones estupendas en muchos de sus discos. Nadie se libra de canciones más o menos desafortunadas… ni siquiera Los 4 de Liverpool pueden presumir de ellos, y en solitario mejor no mentar al vanidoso McCartney ni a mi añorado Lennon (35 años ya sin él… SNIFF).


Como baterista, entenderán que artistas como el protagonista de hoy, gozen de toda mi simpatía. Ya es harto difícil y complicado dominar un instrumento que requiere habilidad y coordinación y llegar a formar parte de un gran grupo, como para encima no conformarse con ello y querer ir más allá. Siempe he apreciado en Phil Collins esa habilidad para utilizar breaks de batería que a simple vista parecen sencillos pero que alcazan la belleza de la rotundidad. Tanto en sus interpretaciones como con los músicos que ha trabajado. En sus actuaciones en solitario, a la hora de interpretar un solo de batería, en muchas ocasiones ha ofrecido interpretaciones a dúo muy interesantes con originales contratiempos en lugar de dedicarse a hacer simplemente ruido mostrando su técnica.

La anteriormente mencionada “Easy Lover”, que compuso y produjo para Philip Bailey, y que ambos convirtieron en éxito en majestuoso dúo, es una obra de arte que serviría sin duda para la formación de un baterista novel. Si existe un tema en el que un buen batería muestra sus habilidades y el sentido de tan peculiar instrumento, sin duda éste estaría entre los primeros.
Destacaría sin duda su buen hacer para las versiones, consiguiendo un gran resultado en el “You Can’t Hurry Love” de The Supremes o en el “True Colors” de Cyndi Lauper.
Desde esta carnicería le damos la bienvenida sin duda al cantante-baterista con la batería cargada, en todos los sentidos, e incluso les adelantamos que sazonaremos su nuevos disco con acierto para ofrecerles a nuestros clientes una crítica en cuanto caiga entre nuestros cuchillos. Lo dicho, humor el que quieran, pero no dejen por ello de perderse a uno de los grandes.

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sábado, 26 de septiembre de 2015

Cosas de Música. Bajistas-Cantantes


Como estreno de la nueva temporada en nuestras curiosidades musicales hoy hablamos de bajistas-cantantes, recordando a algunos excelentes cantantes que han elegido un instrumento tan singular y tan difícil y complicado para acompañarse cantando.

Escuchamos a Jermaine Jackson, Paul McCartney y Sting. Recordando también a nivel nacional a David Summers y también tocando el corazoncito extremeño al gran Nacho Campillo.

Os recuerdo que en esta temporada la sección será cada dos martes en donde siempre, Cosas que Pasan en Canal Extremadura Radio con nuestro amigo José María Da Silva. ¡Qué disfrutéis el audio!

sábado, 5 de septiembre de 2015

El bajo. Ese ese desconocido imprescindible



El bajo. El patito feo de quintetos y cuartetos musicales. La hermana pequeña de la guitarra eléctrica, incluso en ocasiones la prima feúcha y con aparato en los piños para algunos entendidos de pacotilla.
Existen quienes afirman que detrás de un bajo no hay más que un guitarristra frustrado, y como imaginarán, quien despieza la mejor carnaca mensual para los amigos de esta carnicería no puede estar más en desacuerdo.

Es cierto que muchos músicos llegan a colocarse antes sus cuatro cuerdas por mera necesidad, casualidad o incluso por qué no, también por cierta curiosidad, pero de ahí a que tras sus escalas graves se oculte un guitarrista poco habilidoso dista mucho de la realidad. Qué quieren que les diga, jamás se me ocurriría pensar en Flea como un músico con escaso arte y mínimas habilidades técnicas
.
El problema de los que desprecian su particular sonido suele ser casi siempre el mismo. No saben lo que es un bajo, y que me corten la cabeza si saben para qué sirve. Y lamentablemente nunca lo han escuchado. Y no es que sea algo fácil. Aún recuerdo la primera vez que por fin escuché el bajo, con apenas doce años. Acababa de descubrir a The Beatles escuchando “Drive my car” en el viejo walkman de un compañero de clase, y poco a poco me iba documentando de la historia de aquellos cuatro muchachos que habían conseguido llegar a lo más alto. En aquellas primeras fotos y videos lo descubrí. Aquella guitarra del vanidoso McCartney parecía especial, y no pude dejar de apreciar la curiosidad del grosor de sus cuerdas, que a la postre eran dos menos que las de Lennon y Harrison. 

Sabía distinguir el sonido de una batería, un teclado, guitarras electricas e incluso instrumentos de cuerda o viento, pero… ¿Que narices era aquello de un bajo?

El placer de descubrir por fin aquellas notas graves en el puente del “In my life” de The Beatles fue un placer parejo a contemplar el mar por primera vez. De repente aquel instrumento se convirtió en mi favorito para escuchar a pesar de ser un fanático de la batería. Empezaba incluso a valorar las canciones si estas tenían o no una línea de bajo interesante, ejercicio por cierto que jamas he abandonado. Me gusta pensar en el bajo como algo más que una guitarra que toca las notas graves para sustentar la melodía. El bajo no ha de ser solo una parte del conglomerado con el que empezar a construir un tema, pues puede en ocasiones convertirse en pieza maestra de una canción, y por supuesto tener sus momentos destacados.


Cantar mientras además te acompañas con un instrumento es algo que sin lugar a dudas se antoja como una faena harto complicada, ahora bien, cantar mientras tocas el bajo y además conseguir que este sea interesante es una proeza al alcance de muy pocos, por lo que siempre he sentido gran veneración por los bajistas-cantantes, y no sólo por mi amigo McCartney, sin lugar a dudas el mejor bajista de la historia. Sting también ha sido un artista que se ha resistido a que un instrumento tan bello pase a segundo plano, y al igual que el viejo Paul ha conseguido con cierta fortuna llevar el peso de muchos de sus grandes éxitos con tan particular instrumento.

Desde el mostrador de esta particular carnicería, recomendaría a mis consumidores revisar la carrera de los Jackson Five, y descubrir al “otro” cantante del famoso quinteto (muchos desconocen que hubiera otra voz principal que no fuera la del gran Michael Jackson) Jermaine Jackson, a la postre también bajista del grupo, por el que también siento cierta debilidad. La complejidad de sus melódicas líneas eran interpretadas a la perfección en directo, tanto en la del grupo con sus hermanos como en su recomendable carrera en solitario
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No podemos olvidarnos de algunos excelentes cantantes bajistas a nivel nacional como Nacho Campillo de Tam Tam Go!, que ha ejecutado excelentes lineas de bajo para la historia de la música pop española (y además siendo pacense, bien por él).
Nuestra región extremeña es sin lugar a dudas cuna de grandes bajistas, Luis Gonzalo García de Los Desahuciados o Adolfo Campini por poner algún ejemplo, pero es cierto que no parece ser este instrumento el preferido de los cantantes de nuestra región
.
Si hablamos de bajistas cantantes es justo y necesario remontarse a finales de los 90, cuando una veinteañera formación pacense LICH se presentaba en formato de trío ante su primera maqueta y actuaciones. Jesús García García, más conocido como Chuli (además de Lich ha militado en Diva o News Solaris entre otros proyectos) tuvo que aparcar su guitarra eléctrica y adueñarse del bajo por necesidad, consiguiendo algunas de las líneas de bajo más bonitas que han escuchado estas orejitas que me dio mi santa madre. Aun recuerdo la melodía de “La Casa de Colores”, tan sencilla como hermosa y de cierta complejidad interpretativa a la hora de llevar el peso vocal.

Como batería, en mis conciertos siempre requería la presencia importante del bajo en mis monitores, excepto en una ocasión en un concierto, en la Sala Maravillas de Madrid, con el entonces cuarteto pacense LICH y Óscar Vadillo al bajo y segunda voz. En aquella ocasión, al genial músico pacense le aconteció la singular paranolla de que su bajo no se oía y no paró de subirse el volumen en la prueba de sonido hasta que consiguió que a los demás miembros del grupo nos temblaran los carrillos de la cara a cada nota ejecutada. Todos sin excepción solicitamos al técnico que eliminara totalmente el bajo de nuestros monitores. Lo sentíamos en cada milímetro de nuestro cuerpo.

El bajo es un instrumento maravilloso que puede aportarles mucho. Les animo a tratar de aprender a escucharlo, a fijarse en él y disfrutar de su peculiar sonido. Verán cómo desde entonces las canciones le parecen más completas
.
Y ahora les dejo que voy a disfrutar de una buena sesión de canciones con bajos espectaculares… y quiero sentir el bajo en mi cara.



martes, 12 de mayo de 2015

El Fade Out. Vía de escape para virtuosos

Carniceria Sanzot
por Enrique Falcó

El Fade Out, también conocido como fundido, es un recurso de estudio muy utilizado en la música, que consiste en ir disminuyendo poco a poco el volumen de la canción. Normalmente se utiliza para finales de temas, y son muchos los músicos y críticos quienes insisten en que tras una canción con final Fade Out se esconde falta de creatividad y originalidad, pues un tema completo y redondo siempre ha de tener principio y final, y solo así una canción puede denominarse como tal.
Quien despieza el mejor género cárnico para ustedes desde esta Carnicería Sanzot no puede estar más en desacuerdo, máxime teniendo en cuenta la cantidad innumerable de grandes canciones que han plasmado para la historia con tan digno destino. El quid de la cuestión se halla como siempre en el modo de utilizar dicho recurso. Bien es cierto que en ocasiones es una solución desesperada ante la falta de ideas para un final digno, pero existen temas que piden a gritos un final Fade Out, bien porque la fuerza de su estribillo tienda a repetirse cual sonrisa contagiosa o por el contrario se busque un efecto calmante o desestabilizador.
En el caso de los músicos ejecutantes puede ser un recurso muy divertido para permitirse licencias en forma de virtuosismo instrumental que no han de resaltar durante el resto de la canción. Cantantes, bajos, guitarras, baterías… parece que todos poseen carta blanca para explayarse e incluir pequeños detalles que a veces son inapreciables en las partes finales. Algunos esconden verdaderas joyas de alto nivel interpretativo de las que no ha lugar en un estribillo, estrofa o sólo de algún instrumento, por aquello ya se sabe, de no distraer la atención en plan vanidoso McCartney cuando el pobre Harrison efectuaba sólos como el de “SomeThing”.
“El grupo extremeño Tam Tam Go! oculta entre sus fade out una particularidad que muy pocos seguidores del grupo conocen”
Lamentablemente, en la actualidad, con la moda de las reediciones muchas veces se pierden algunos de estos matices. Recuerdo la canción “The Most Beautiful girl in the wordl” de Prince, en el que el genio de Mineápolis realiza una complicada ejecución vocal, llegando más allá del falsete hacia notas que ni siquiera deben existir, de gran belleza que alcanza el clímax en los últimos instantes del fade out final. Para desgracia de los que disfrutamos con estas pequeñas joyas ya no se encuentran aquellas virguerías vocales del excelente músico en las nuevas reediciones, por lo que conservo aquella original de los 90 como si de una pieza de coleccionismo se tratara.
Es realmente gozoso para los amantes de la batería deleitarse por ejemplo con  estupendos breaks y contratiempos en los instantes finales del “Easy Lover” de Phill Collins y Philip Bailey, o con la voz de Lennon al revés en “Rain” o por ejemplo las virguerías al bajo de McCartney en los instantes finales de Magical Mistery Tour.
Es curioso, pero si pensamos en grupos amateurs no suelen prodigarse en este fenónemo. Quizás, claro está, por aquello de trabajar más los ensayos para el directo en donde tan excepcional fenómeno es imposible de utilizar. Si me pongo a pensar me cuesta encontrar una maqueta o demo de algunos de los grupos extremeños en donde aparezca dicho recurso. Me viene a la cabeza una maqueta del grupo pacense DOCH (en el que varios de sus miembros, como el excelente cantante Enrique Martínez militaban en la conocida formación Fantic) que en su día comenzaba con el tema “Safety” al revés, es decir en vez de acabar la canción bajando progresivamente el volumen arrancaba de menos a más, creando un efecto realmente estupendo. En mi época de músico en activo creo que fueron un par de temas del grupo Left Brothers, “Cartas” y “Soledad” incluídos en Soledad (2014, Maidins) aunque creo que nunca en maqueta con ninguno de mis otros grupos.


El grupo extremeño Tam Tam Go! oculta entre sus fade out una particularidad que muy pocos seguidores del grupo conocen. Recuerdo en pleno pelotazo del Espaldas Mojadas (1990) cuando en la canción del mismo título Nacho Campillo cantaba aquello de “Tu me quieres, yo te quiero, tu me quieres, yo te quiero no hay dinero…”. Se convirtió en una frase muy conocida de la canción, pero pocos saben que ya podía escucharse años antes en el primer corte de Spanish Suffle (1988) en la versión original de lo que luego se convirtió en “Manuel Raquel”. Me refiero a “Lawrence´s heart is weak” en la que a pesar de ser interpretada en inglés puede oírsele a Campillo en el fade out final dicha frase en español. Lo mismo ocurre en Spanish Romance (1989) en una de las mejores canciones del grupo, que increíblemente no fue incluída en el LP original en vinilo y solo podían disfrutar los que adquirieron el cd, “Granada Eyes”, otro precioso tema en inglés que incluye la famosa frase de Nacho Campillo en el fade out final.
Como muestra de que aunque me pirren los fade out estos no siempre están exentos de negatividad, quiero hacer constancia de una chapuza cometida en este país en el año 1991, cuando a los editores del Boom 91 (Aquellos recopilatorios que salían todos los años con los éxitos del momento) se les ocurrió cortar “Entre dos tierras” de Héroes del Silencio con un fade out al comienzo del punteo central, a la postre la mejor parte de la canción. ¡Lamentable e incomprensible!
Otro aspecto poco práctico de los fade out es a la hora de “interpretar” un playback, por lo que no comprendo como artistas de primer nivel siguen escogiendo canciones con fade out final como single de promoción.
Amigos lectores, ya sabéis, a escuchar las canciones hasta el final, puede haber una sorpresa escondida. Y a ti, amigo músico… no te cortes, ejecuta esos gorgoritos que tantas ganas tienes de soltar, o ese redoble de batería… aprovecha los fade out. Si total, es casi el final de la canción… y apenas se va a oír.

jueves, 9 de abril de 2015

Mikel Erentxun. Nadie es profeta en su corazón

"Corazones" El último disco de Mikel Erentxun

Desde la irrupción en nuestro país de aquel fenómeno musical denominado “Indie”, fueron incansables los esfuerzos de la crítica especializada y parte de los medios para arrinconar primero y tratar de enterrar después a las denominadas “viejas glorias de los 80”. No deja de resultar gracioso lo de “viejas glorias”, ya que por entonces, el que era el 50 por ciento de Duncan Dhu, sin duda uno de los grupos más exitosos del país, apenas contaba con 27 años, si bien es cierto que desde los 20 no había dejado de escribir con letras de oro sobre la historia del pop español.


El joven Mikel Erentxun, tras un paréntesis de común acuerdo con su colega Diego Vasallo (también con una interesante carrera en solitario que retomaremos en otra ocasión desde nuestra Carnicería Sanzot), se decidía valientemente a despojarse de la piel y la careta de aquel grupo que significaba tanto. Apenas le había dado tiempo de saborear la invitación a los Music Awards en Londres, o a aquel mítico concierto desde la Plaza Sony en la Expo del 92 (el concierto con mayor público de la historia del pop español) o incluso de su actuación en New York en el New Music Seminar en Central Park.

Erentxun y Vasallo en el 92

Su primer disco en solitario, Naufragios (1992), de claro corte acústico y letras especialmente duras, grabado en apenas dos semanas pero con un elenco impresionante de músicos en donde destacaban los hermanos Pete y Bruce Thomas (Batería y bajista de Los Attractions de Elvis Costello) fue un éxito de ventas, a lo que siguió una gran gira nacional y el reconocimiento en forma de premio a la mejor canción del año, “A un minuto de tí”, escrita junto a J.M. Cormán. En aquel disco también se incluía una afortunada versión con una mezcla final impresionante del “There is a light that never goes out” de The Smiths, uno de sus grupos de referencia, que sin duda arrastró el disco al doble platino en pocos meses.


Mikel Erentxun, que por cierto fue de los primeros en reivindicar a algunos de los nuevos grupos independientes (siempre mostró sus simpatías a grupos como El regalo de Silvia o El Inquilino Comunista) hubiera estado encantado de  formar parte de todo el nuevo movimiento que se avecinaba, y seguramente, junto a otras formaciones de los 80, como por ejemplo Gabinete Caligari, hubiera acudido gustoso a participar en cuantos Certámenes le hubieran ofrecido, pero lamentablemente, los directores de los festivales más importantes, así como las principales revistas musicales (como por ejemplo Rockdelux, de la que curiosamente el propio Erentxun fue portada con Duncan Dhu algunos años antes) se apuntaron al carro practicando el desaconsejable ejercicio de tirar tierra salpicada de mierda sobre toda una generación irrepetible.

Erentxun en el 95 "El Abrazo del Erizo"


Mientras tanto, un Erentxun pletórico, tras repetir éxito de ventas de nuevo con Duncan Dhu, trató de intentarlo de nuevo con su segundo disco en solitario, El abrazo del erizo (1995) con gran influencia de aquella música anglosajona de la que también se contagiaban algunas de las nuevas formaciones indies. Sin duda era un disco fantástico, que hubiera podido interesar al público aficionado a la música alternativa, pero un ya treinteañero Mikel pudo comprobar que se encontraba en tierra de nadie. Sus gustos musicales no concordaban para nada con los de su público, y a los que les gustaba la misma música que a él no lo aceptaban, ni por lo visto lo iban a aceptar nunca.


Terminaba la década de los 90, y algunos grupos independientes fueron cayendo en el ostracismo, mientras tanto el de San Sebastián le daba continuidad a ese estilo pop británico en el maravilloso Acróbatas (1998), en donde experimentaba además con bases electrónicas y programaciones. Siguen las colaboraciones de músicos excepcionales y grandes productores. Destacan algunos temas imprescindibles como “A pleno sol”, “¿Quien se acuerda de tí?” o la deliciosa “Puedo dormir de un tirón más de una vida”.



Recibió el nuevo siglo con otro disco realmente destacable Te dejas ver (2000),  en el que aparca el sonido británico para dejarse influir por el rock y el folk más americano. Los años continúan, la crisis se acentúa y la mayoría de aquella nueva esperanza indie se desvanece como lágrimas en la lluvia. A un ya maduro Mikel Erentxun no se le caen los anillos por ajustar su caché y seguir grabando discos y ofreciendo conciertos, aunque deba prescindir de músicos y conducir él mismo la furgoneta. Incluso le da tiempo de despedir junto a su colega Vasallo a Duncan Dhu con un disco, Crepúsculo (2001) de gran dignidad que esta vez sí, contenta y convence a la crítica especializada, que pareja a la justicia en este país parece llegar siempre demasiado tarde.


Siguieron nuevos discos, sintonías de series, participación con cierto éxito en algún programa televisivo y de repente hace un par de años, la desagradable sorpresa de una intervención quirúrgica le devuelve al primer plano de la actualidad. Erentxun se acogió entoces a la famosa máxima que asegura que no hay mal que por bien no venga y se empeñó en gritarles a quienes le habían olvidado que él aún no se ha marchado a ninguna parte, y que aún tiene mucho que ofrecer.

Mikel Erentxun al bajo y la voz en "El hombre que hay en mi"


Esta dramática experiencia la ha convertido en un disco soberbio, Corazones (2015) grabado en Cádiz y producido por Paco Loco, quien irónicamente fue un productor de éxito en los 90 y colaboró con grandes de la escena indie como Sexy Sadie, Nacho Vegas o Australian Blonde.


El corazón aparece como hilo conductor, y un imparable Erentxun ejecuta la mayoría de instrumentos. Nunca se ha definido el donostiarra como un instrumentista virtuoso, pero desde luego sí lo suficiente como para llegar a sus canciones. Él insiste en que le ha salido un disco muy McCartney, y cualquiera estaría de acuerdo escuchando “veneno y corazón” en donde deja envolver su voz a lo “Eleanor rigby” junto a un bello cuarteto de cuerda, o deteniéndose en el bajo y la batería de “As de corazones” en donde Mikel interpreta tanto una linea de bajo excelente y melódica, como aporrea con excepcional ritmo la batería, que recuerda por cierto la que el mejor bajista de la historia interpretó en temas beatles como “Dear Prudence” o “Back in the Urrs” en ausencia del por otra parte infravalorado Ringo Starr.

Erentxun a la batería y voz en pleno esfuerzo


Aunque sin duda también está muy presente Lennon, pues parece resucitar en el rift de apertura de “El hombre que hay en mí”, que no deja de ser un homenaje al “Revolution” y en definitiva a todo el album blanco de los cuatro de Liverpool. Un disco muy beatle en definitiva, que, como en los mejores trabajos del donostiarra, siempre están muy presentes, tanto en solitario (Ciudades de Paso – 2003, 24 Golpes – 2012) como con Duncan Dhu (Autobiografía – 1989, Piedras – 1994).


Efectivamente, Corazones suena a beatles, a los dos Elvis, (Presley y Costello) y a Duncan Dhu, por supuesto, sin que ello haya supuesto nunca ningún problema, y haya sido aceptado como un hecho natural por el propio Erentxun y sus seguidores por una mera cuestión de lógica y normalidad. De hecho, el tema “Corazones” tiene ese aire y encanto juvenil y desenfadado a canciones del primer LP Canciones (1986) de corte rockabilly como podrían ser “Esperaré a que se esconda el sol”, “Cuando murió la luz” o “Los Llantos de la ciudad”, en las que el propio Mikel se desenvuelve, como en este disco, con gran agilidad a la guitarra… con apenas 30 años de diferencia.

Duncan Dhu a finales de 1984


En definitiva, esencia Erentxun por los cuatro costados, en un disco, que arropado por temas como “Con el tiempo a favor” (posiblemente la mejor canción de disco que espero que sea single) “Dakota y yo” u “Ojos de miel” devolverá a la primera línea a uno de los músicos indispensables del pop español, quien en lugar de mostrarse soberbio y vengativo ante el ninguneo mediático de los últimos años, se presenta de la forma más humilde del mundo, partiendo de cero, y aspirando a todo.


Parece mentira que todavía tenga que justificarse un tío que lleva 30 años de carrera musical y que nunca ha grabado un disco igual al anterior. Muchos “indies” y modernos, tanto músicos, críticos, periodistas y aficionados a la música, deberían mostrar un poco de respeto y preguntarse cómo son capaces de ningunear a un músico al que colegas como Mark Gardener (Cantante y guitarra de Ride), o Alan McGee (Del sello Creation) respetan y valoran.

Mikel Erentxun: 50 años, 30 en la música, y aun le queda mucho que decir


Al final resultará que Mikel Erentxun es bastante más indie que la mayoría de grupos de los 90. De momento ahí sigue, trabajando el triple que antes aunque sea cobrando un tercio para contarlo y cantarlo. Molaría verlo en el escenario del ContemPopranea en la edición de este año. Una región como Extremadura se volcaría sin duda. Estoy convencido que sorprendería a muchos y pondría las cosas en su sitio, pues el tiempo, ese fiscal implacable y puñetero, siempre se encarga de tan desagradable lastre.


Nadie es profeta en su tierra, y en este país no se perdona el éxito así como así, pero Mikel Erentxun insiste en que es mejor seguir hablando en el estudio y en el escenario mientras recorre la carretera. Corazones se convertirá en un disco imprescindible para este 2015. Y Mikel Erentxun lo sabe. Pero claro, nadie es (tampoco) profeta en su corazón.


http://www.lacarnemagazine.com/
 

jueves, 5 de marzo de 2015

El culo de Britney Spears



Los pertenecientes a una generación denominada del baby boom, tuvimos que afrontar la por otra parte nada costosa tarea de asumir la agotadora presencia del sexo en todos los aspectos de nuestra vida. 

A los preadolescentes de entonces, quienes teníamos que acudir a la parte trasera de un kiosko, o la sección S de los videoclub para descubir ciertas partes de la anatomía humana, nos hace gracia pensar que en cualquier rincón de nuestro día a día la presencia del sexo muestra signos de empacho que se combinan con cierta naturalidad.


Gracias al Boss quizás aquella hastiada presencia sexual irrumpió cuando ya habíamos pasado la edad del pavo, y algunos aún sabemos distinguir un buen culo de un indiscutible talento, que por otra parte no han de ser incompatibles de ningún modo. 

El sexo cada vez va teniendo una relevancia en la música comercial que en demasiadas ocasiones supera el noventa por ciento. No se equivoquen ni pretendan que el menda peque de castidad, pues me atrae como a cualquiera un cuerpo bonito, y considero que no deja de ser interesante una sutil dosis de sexualidad para otorgar un poco de pimienta al asunto. Pero lamentablemente esa pequeña pizca reservada antaño parece hoy la destinada a preservar lo poco de música que aguarda a un sin fin de numerosos artistas.


El sexo siempre ha estado presente en la música, de ahí el famoso “Sexo, Drogas y Rock And Roll” del que grupos como los Rolling Stones parecían hacer bandera.




Los propios Beatles le deben gran parte de su éxito a esa sexualidad que despertaban principalmente al público adolescente femenino, aunque no obstante jamás para ello John Lennon o el vanidoso McCartney tuvieron que posar con el culo en pompa y ligeros de ropa.







Hace poco comentaba el asunto con un periodista amigo, mostrándole mi indignación por los videos de alto contenido erótico de las divas de ahora:


  “Es que no son más que tías meneando el culo”.- Exclamaba con furia buscando el asentimiento y la comprensión de mi interlocutor.- “¡Sí, sí, pero… qué culo!”.- Respondía él. Como comprenderán me tuve que dar por derrotado. Quizás en su respuesta se adivine lo obvio de la situación, pero no me negarán que es algo triste.


Me vienen a la cabeza aquellos maravillosos video clips de los 80. Todos recordarán sin duda el “Thriller” de aquel Michael Jackson trístemente desaparecido, o el maravilloso vídeo “Take On Me” de A-ha.


Incluso en los 90, no había nada sexual en el “No Rain” de Blind Melon o el “Smells like teen spirit” de Nirvana, dos video clips que por cierto, quisieras o no, debías ver sí o sí si conectabas con la extinta MTV.






Hemos pasado en cuestión de pocos años de no contar apenas con programación infantil y mandar a los niños a la cama en cuanto aparecía un rombo, a tener canales y canales dedicados a ellos con contenido de dudosa calidad. Siempre he clamado contra canales como el Disney, en el que bajo su marca infantil le venden continuamente sexo de manera descarada a los preadolescentes. Y si no se lo creen, ahí tienen casos conocidos como Los Jonas Brothers o la insoportable Miley Cyrus, que pasó de virginal adolescente Hannah Montana a jovencita insoportable que insiste continuamente en enseñarnos su lengua y posaderas a la menor oportunidad.




Cuando divas de hoy, como pueden ser la propia Beyoncé o la exótica Rihanna, de indiscutible talento vocal y de gran belleza y voluptuosidad, muestran su disconformidad a que se les trate como si fueran pedazos de carne, se les escapan frases al estilo: “Quiero ser recordada por mi voz, no por mi culo”. ¡Cualquiera lo diría tras el visionado de los clips correspodientes a sus últimos éxitos!




Aún recuerdo cuando comenzó en esto de la música una jovencita Britney Spears. Tan mona ella, con ese aspecto de lolita picantona pero salá y entrañable. Fue la princesa del pop, con mayor o menor acierto musical aunque de indiscutible éxito comercial. Ahora que tras varios años y problemas ha crecido y ha roto en culona, ya no siente el cariño y respaldo de su público, y ello a pesar de no haber perdido un ápice de su voz.



Aquellos que se relamían contemplándola embutida en aquel mono rojo petado en el famoso “Oops i did it again” (Que por cierto, no dejaba de ser un auto plagio del tema “Baby one more time” que la catapultó al éxito un año antes) ahora la arrinconan con cierta pena y concescendencia tildándola de juguete roto.






Siempre defiendo que toda la música tiene algo que aportar, y que me parece respetable el gusto por cualquier género músical, pero cuando artistas como Jenifer López le dedican una canción a su propio culo (A ese culo lo único que le falta ya es montar su propia web) deberíamos preguntarnos si debemos meter en el saco de la música a todos los estilos.


Existe una película muy agradable de visionar. Una comedia romanticona de Drew Barrymore y Hugh Grant. Se llama “Tu la letra y yo la música”, y en ella una vieja gloria ochentera, que bien podría ser una parodia de Andrew Ridgeley, ya saben, el “otro” de Wham!, se ve obligado a escribir un tema para una gran estrella juvenil emergente, Cora Corman, interpretada a la perfección por Haley Bennett, quien es capaz de completar en un solo personaje a divas como la propia Britney Spears, Shakira o Cristina Aguilera.


De corazón la recomiendo para todos aquellos que quieran hacerse una idea de la diferencia existente entre lo que significa vivir para la música o vivir de la música.


Y quién sabe, quizás ahora, que no estarán tan pendiente de su culo, la propia Britney podría sorprendernos con un disco de calidad ¿Por qué no? Aunque de corazón les confieso que aunque así fuera, no se lo iban a permitir.




Menos mal que existen artistas, que ofrecen canciones y video clips en los que el sexo no lo es todo, y si no, que los famosos realizadores y guionistas de las grandes divas y boybands les echen un ojo al “¡HAY!”, de Los Ganglios, y ya verán lo que son capaces de hacer algunos con 4 duros y una dosis extra de indiscutible talento.






viernes, 23 de enero de 2015

Cosas de Música. Colaboraciones en el mundo de la música.

David Bowie y Freddie Mercury dos genios unidos en Under Pressure


En el programa de hoy, dentro de nuestras curiosidades musicales, nos centramos en lo importantes que son las colaboraciones entre grandes artistas, algo en lo que indudablemente ganamos todos, industria y aficionados a la música.

Cuando dos o más grandes genios de la música unen sus fuerzas está claro que son capaces de ofrecernos un arte capaz de traspasar las barreras de lo estrictamente normal.

Repasaremos algunas colaboraciones antológicas a nivel internacional, entre estrellas de la talla de Queen y David Bowie o Paul McCartney y Michael Jackson, pasando por U2 y Mary J. Blige y el súper grupo Traveling Wilburys con los George Harrison, Roy Orbison, Bob Dylan y demás.

Paul McCartney y Michael Jackson en los viejos tiempos cuando todo era buen rollo... hasta la compra de Michael de los derechos de las canciones de The Beatles

 


Y no nos olvidamos de algunos de nuestros artistas nacionales: Jaime Urrutia, Andrés Calamaro, Loquillo y Enrique Bunbury al unísono, o los Duncan Dhu, con Mikel Erentxun interpretando Amarga junto a aquel gran cantante, Black, intérprete de la maravillosa Wonderful Life. Acabamos con el gran Joaquín Sabina en copañía de Rosendo cantando El blues de lo que pasa en mi escalera.

Por cierto, gracias a mi querido amigo "El poeta" Ángel Manuel Gómez Espada por alguna de sus recomendaciones.

¡Que disfrutéis el programa! ¡Hasta el jueves que viene!
 

martes, 23 de diciembre de 2014

Cosas de Música. Especial Música de Navidad

 
John Lennon y su famoso tema HappyXmas (War is Over)


En el programa de hoy escuchamos canciones que de una u otra manera casi se han ido convirtiendo en villancicos modernos.

Canciones que se escuchan más en Navidad que en ninguna otra época del año, con artistazos como Wham!, John Lennon, Paul McCartney, Phil Collins, Mecano y otros más anecdóticos como Aaron Carter y aquel video navideño que grabó con aquella Lizzie Mcguire que me traía loco.

Me volvía loco Lizzie McGuire. Que salá era. Aquí el video con Aaron Carter.

Los dos próximos jueves al ser festivos no habrá programa por lo que aprovecho a los oyentes y lectores para desearos lo mejor en este 2015.