Don de Loch Lomond

Don de Loch Lomond

viernes, 12 de abril de 2013

¡Game Over!



El maldito cartelito que salía cuando te mataban o te pasabas el juego.

Probablemente usted, desocupado lector, si pasa de los 40 o aun no llega a los 20, jamás podrá hacerse a la idea de lo que significaban las viejas máquinas recreativas para los que nos encontramos inmersos en la treintena.

Los entonces niños extremeños poco teníamos que envidiar a los del resto del país, pues apenas existía bar alguno por la inmensa geografía extremeña que no poseyera su propia máquina recreativa o su homóloga pinball.

Personalmente he de reconocerles que en mi caso, como en el del 90 por ciento de mis amigos y conocidos, se convirtió en una obsesión que nos ha perseguido a lo largo de nuestras vidas. Quizás mis primeros recuerdos de una máquina recreativa se remonten a la del bar VD, situado en la pacense calle Virgen de Guadalupe.

Posiblemente la primera máquina a la que jugué.

Ahora nos echaríamos las manos a la cabeza, pero en ese bar había niños a todas horas, bastante más que clientes, jugando al mítico “Bubble Bobble” con su inolvidable música de fondo. 

Poco después llegaría el alucinante “Xain´D Sleena” que nos volvió tontos a todos los niños del barrio, y quizás fue causa de algún que otro disgusto para con nuestros padres, que no entendían y se preocupaban por la adoración que sentíamos hacia aquella infernal máquina que nos tenía sorbido el seso.



Cuando viajaba con mi familia a Jerez de los Caballeros, mi pueblo predilecto, antes que ir a buscar a los demás niños a la plaza, mi primera visita obligada era al bar “Fama”, en plena plaza del pueblo, para contemplar la mejor máquina de pinball que haya existido jamás. Pocas veces jugaba de niño a estas máquinas, ya que cinco duros de la época no se conseguían así como así, pero me pasaba las horas muertas viendo jugar a los más mayores, y les aseguro que disfrutaba mucho, para disgusto de mis padres que consideraban que era una afición poco recomendable la de andar todo el día dentro de los bares mirando máquinas.

La mejor máquina recreativa de mi niñez

Cuando veraneábamos en Cádiz, mi primo Jesús y quien suscribe no faltábamos cada noche a nuestra cita en los recreativos que se situaban a pocos metros del Paseo Marítimo. Para nosotros no podía existir un lugar mejor en donde pasar las noches de verano. Recuerdo con cariño y nostalgia los primeros recreativos que empezaron a funcionar en Badajoz, especialmente el “Nym” y el “Player 2”. 

Aunque para serles franco reconozco que los más pequeños nos dejábamos caer poco por ellos, ya que los frecuentaban algunos chicos más mayores y gente poco recomendable, ustedes ya me entienden.

Era bastante habitual que alguno perdiera en aquellos “antros” (como decían nuestras madres) algo más que la calderilla, la merienda y las zapatillas de deporte. Todo cambió cuando a principio de los 90 se inauguró “La Quinta Avenida” situada en La Avenida de Villanueva, en el viejo local de “Olimpic Sport”. Aquello era otra cosa, algo así como un salón recreativo más pijo, en donde por fin tenían cabida las niñas (que ya nos empezaban a interesar) y en el que se daba puerta al primero que entrara algo más desaliñado de la cuenta.

Se convirtió en nuestro santuario, cita obligada de reunión y diversión, para charlar, ligar, e incluso para jugar a las máquinas. “La Quinta Avenida” también supuso a más de uno algún pequeño disgusto con los estudios, pero por lo general se disfrutaba de un buen ambiente, y  nuestros padres quedaban razonablemente tranquilos a sabiendas de que allí estábamos bien.

A los 14 años me pasaba el Pang con cinco duros y una sola mano 

De repente, y sin venir a cuento, nuestro pequeño paraíso se desmoronó. Sin previo aviso, una traicionera mañana de un viernes las partidas pasaron a costar 50 pesetas, en detrimento de los clásicos 5 duros de siempre. A pesar de que aquello significaba abandonar aquel mundo que tanto nos privaba, la hoy denominada “Generación Cangrejo” no se dejó mangonear, y se negó en redondo a pagar tal suma.

Al comprobar que todos los recreativos de la ciudad habían actuado con idéntico resultado, con premeditación y alevosía, les castigamos con la siempre contundente indiferencia, y sencillamente dejamos de jugar a las máquinas. No tardaron ni un mes en volver a bajar las partidas a los 5 duros de toda la vida. 

Sin embargo  crecimos, y con los años, nos hemos dejado mangonear. Y aquella generación que se negó en redondo a pagar 5 duros de más ahora desembolsa sin chistar insultantes y abusivas comisiones bancarias a cambio de ningún servicio. Precios insultantes por copas y raciones en los bares, restaurantes y discotecas. Hipotecas y alquileres desorbitados, y tarifas de móviles y de Internet demasiado altas a cambio del pobre servicio que ofrecen.

Al Tetris solían jugar sobre todo las niñas

 No sé si será que con la edad nos hemos vuelto blandos o más tontos, o que quizás con lo del euro aun no nos manejamos bien y no sabemos realmente lo que nos roban.

 Pero creo que ha llegado el momento de tomar cartas en el asunto. Ya no tenemos edad de irnos a echar un “Pang” a la “Quinta Avenida” e intentar ligar y tocarles el culo a las niñas que jugaban al “Tetris”, pero sí podemos negarnos a pagar comisiones abusivas convirtiéndonos en visitantes habituales del Banco de España para poner las debidas reclamaciones, o negarnos a acudir a bares que nos tomen por tontos cobrándonos 12 euros por un plato pequeño de patatas con trocitos de bacalao o secreto de cerdo y 6 euros por un garrafón de DYC con coca-cola.

Pac Man. Un juego y una música inolvidable
Podemos también reírnos en la cara del que pida 300.000 euros por una casa de más de 40 años que se cae a cachos por aquello de encontrarse al lado del Corte Inglés o un alquiler de 600 euros por cuatro paredes mal construidas. Podemos largarnos sin ni siquiera decir “Ahí te quedas tu mierda de curro” cuando en una entrevista de trabajo nos pregunten que qué pensamos del “contrato mercantil” o de trabajar 12 horas por 800 € cuando realmente van a darte de alta sólo 4 horas por aquello de que la cosa está muy mala.

Ya está bien. Los “marcianitos” ganan. Las pompas del “Pang” nos han partido la cara, se nos colaron las tres bolas del pinball por el lateral, los fantasmas del “Pac Man” nos han cazado. ¡Es hora de reaccionar en lugar de echar más monedas! ¡Qué el Imperio contraataque pero de verdad! Se acabó el juego ¡Mil Rayos! Pasemos a las cosas serias. 

                                                                         ¡Game Over!

Publicado en Diario HOY el 03/06/2012