Don de Loch Lomond

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miércoles, 14 de mayo de 2014

El bálsamo es un bicho

Enrique Falcó. Siempre entretenido

Mandy Cohen, la madre de Brian, insiste en que "el bálsamo" es un bicho.
Mandy Cohen, la madre de Brian, insiste en que "El bálsamo es un bicho"

Se habla y se escribe, y mucho, sobre Mario Draghi últimamente. Algo que me desconcierta profundamente, ya que apenas sabía muy bien quien era este señor hasta que el pasado viernes titulares del estilo “El bálsamo de Draghi” restaban protagonismo a la inminente ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Disculpen mi ignorancia, pero ya saben que aunque esta es atrevida y peligrosa no es algo imperecedero en el Universo, pues puede corregirse con el tiempo, y nunca es tarde para indagar por los por otra parte aburridísimos senderos de la política económica.

Los caminos del Señor son inescrutables, y por lo visto, los del señor Draghi también. Parece ser que tan magnánimo personaje es nada menos que el presidente del Banco Central Europeo, y ha sido soltar una perla por su boquita de piñón para que la terrible situación económica se relaje como un bebé al que se le ha pasado el berrinche tras mamar de la ubre materna.

La Prima de Riesgo, ya saben, la amiga de la niña de Rajoy, experimentó un importante descenso tras las declaraciones de don Mario en favor del Euro, asegurando éste que haría cuanto estuviese en su mano para preservar la moneda única. No comprendo cómo un puñado de palabras (ya saben que las palabras se las lleva el viento) pueden conseguir tal efectividad.

Le entran ganas a uno de pedirle al señor Draghi que continúe dándole a la húmeda sin descanso, ya que ésta parece tener las propiedades curativas del legendario Bálsamo de Fierabrás. Ya saben, aquella pócima milagrosa con capacidad para sanar que Don Quijote transmitía a su escudero de esta guisa: “Todo esto fuera bien excusado si a mi se me acordara de hacer una redoma del bálsamo de Fierabrás, que con una sola gota se ahorraran tiempo y medicinas“.

El problema es que aquel “Extremado licor” como lo denominaba Sancho Panza, más que panacea resultó ser un placebo como cualquier otro. Bueno, como cualquier otro no, ya que al beberlo los vómitos y espasmos se sucedían tan terribles que una vez pasado el mal trago uno se sentía más curado y sano que nunca. No sé si aciertan por donde van los tiros. 

El gran Mortadelo también es conocedor de las propiedades del bálsamo de Fierabrás
El gran Mortadelo también es conocedor de las propiedades del bálsamo de Fierabrás
Al menda la palabra bálsamo siempre le ha hecho mucha gracia. La culpa seguramente es una vez más de los irrepetibles Monty Phyton y de la mejor película de todos los tiempos, “La Vida de Brian”.

Al comienzo de ésta, una escena celestial muy próxima a la apertura del clásico “Ben Hur“, los Reyes Magos se aproximan al portal de un establo para adorar al rey de los judíos, y al equivocarse de pesebre, Sus Majestades mantienen una desternillante conversación con la señora Cohen, la madre de Brian, quien tras escuchar que los astrólogos portan oro, incienso y mirra relaja su celo y les permite postrarse ante su hijo, Brian Cohen, un pobre bebé recién nacido, hijo de un centurión romano, Traviesus Máximus, quien violó (sólo al principio) a su promiscua y feminista madre, y que descansa ajeno a todo a muy pocos metros del niño Jesús.

Sin embargo, aquello de la mirra intriga bastante a la señora Cohen. A diferencia del oro y el incienso no es conocedora de su forma ni de sus propiedades, por lo que pregunta intrigada: “¿Y eso de mirra qué es?”. Tras la respuesta de: “Es un bálsamo muy valioso” la madre de Brian reacciona como una loca posea presa del pánico, pensando que el bálsamo es un animal peligroso que va a morder a su hijo. “El bálsamo es un bicho… ¿o será que lo he soñado?“- profetiza la señora Cohen.

Es una lástima que Graham Chapman ya no esté con nosotros, si no bien que los geniales Monty Phython podrían haber interpretado de nuevo algunas de estas escenas en la maravillosa ceremonia inaugural del pasado viernes.

El vanidoso McCartney cerró la espectacular ceremonia de inauguración de Londres 2012
El vanidoso McCartney cerró la espectacular ceremonia de inauguración de Londres 2012.
No sé a ustedes, pero a mí personalmente me encantó. Sobre todo por el protagonismo de la música y de la literatura. Desde la bucólica escena de la campiña inglesa desaparecieron los recuerdos del bálsamo de Draghi y tras asistir a la Revolución Industrial todos volvimos a soñar con derrotar al capitán Garfio o al temible Voldemort, (ayudados por Mary Poppins) y nos dimos cuenta de lo importante que ha sido la música británica en nuestra vida.

El propio director de la ceremonia, Danny Boyle, reflexionaba sobre ello el pasado viernes: “En un país tan pequeño es increíble la cantidad de música que fuimos capaces de producir“. El vanidoso McCartney, tras la espectacular encendida del pebetero, nos indicaba que llegaba el fin, con el tema “The End” cuando en realidad todo acababa de empezar. Eché de menos a Ringo en la batería del himno universal “Hey Jude“, y llegué a soñar despierto imaginando qué hubiera podido ocurrir si siguieran vivos la otra mitad de los cuatro de Liverpool, pero no siempre la magia olímpica entiende de según qué sentimentalismos.

Tecnología, buena música, literatura y sentido del humor. He aquí el verdadero bálsamo con el que paliar los terribles tiempos que nos está tocando vivir. Por lo visto en mi ciudad, Badajoz (aunque la plataforma se extiende poco a poco a toda la región), hay mucho aburrido últimamente. Quien suscribe se pregunta cómo es posible que el personal se aburra cuando una Olimpiada es inminente. Y si no les gusta el deporte les recuerdo que lo mejor de las olimpiadas casi siempre son Mortadelo y Filemón, y ya saben lo que opina el genio de los disfraces del tema de la Olimpiada: “O limpiada con bayeta, o limpiada con estropajo, relucirá su cazuela, con detergente cascajo”.

Más vale disfrutar con los Juegos Olímpicos que lamentarse por la subida del IVA. Más escuchar a los Beatles y menos sufrir con las declaraciones de nuestros políticos. Les recomiendo a los más optimistas que no alberguen muchas esperanzas en lo referente a la mejora de los mercados, pues el bálsamo de Draghi, al igual que el Fierabrás, romperá en el peor de los efectos placebo.

Dejen ya de aburrirse y véanse de una vez “La Vida de Brian”, así sabrán que la mirra es un ungüento, un bálsamo muy valioso, y que el bálsamo es un bicho. ¿O será que lo he soñado?

Publicado en Diario HOY el 29/07/2012