Don de Loch Lomond

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sábado, 2 de enero de 2016

Extremadura. 20 años no son nada



Nací en 1978. Buena cosecha la de aquel año, el de La Constitución, y un año antes del denominado baby Boom del 79, año Internacional del niño. A los nacidos a finales de los 70 y principio de los 80 nos tocó contemplar de mocosos, y preadolescentes primero y ya adolescentes y jovencitos después, dos grandes décadas, los 80 y 90, que ofrecieron mucho a nivel musical.

¡Pero no solo de escuchar música vive el hombre! ¡Era tanto lo que iba llegando desde dentro y fuera de nuestras fronteras! Ahora lo pienso y me parece increíble cómo desde nuestra región pudieron darse tan grandes dosis de inquietudes musicales, cuando ni siquiera disponíamos apenas de alguna que otra pequeña tienda de discos en alguna de nuestras ciudades. Como imaginarán, ni asomo de Internet. Cada cual se las ingeniaba como podía, y era raro que aun así no existiera en cualquiera de nuestras pequeñas poblaciones al menos una docena de grupos o bandas de música, inspirados por muy diversas corrientes musicales.

Siempre se hablaba de Cáceres o pueblos como Montijo, y no digamos de Mérida cuando se gestó aquel maravilloso estudio de Jammin, que muy pronto se convertiría en particular Meca de peregrinación para todos aquellos grupos que soñaban con ofrecer un sonido digno de ser reproducido en nuestros modernos radio casettes.




Pacense de toda la vida, no creo que tuviera más de 11 o 12 años cuando escuchaba en las radio fórmulas, o visionaba en los programas de éxito de la televisión nacional triunfar a unos paisanos Tam Tam Go!, quienes arrasaban cantando en inglés, anticipándose a los indies de principios de los 90. Todos habíamos escuchado hablar de grupos antológicos como los Acción Rock Band, del reciente y lamentablemente fallecido Enrique Fernández Medina, o incluso esos famosos Play Boys de los que tanto hablaban la generación de nuestros padres.

En Badajoz, a finales de los 80, todas las jovencitas se morían por los Simple Coincidencia. Era uno de tantos grupos a los que había podido ver actuar en los Súper 1 de la Cadena Ser, que se organizaban en la plaza de los Conquistadores, en donde era bastante habitual, especialmente en fechas veraniegas, que se organizaran saraos de consideración con grupos a nivel nacional, y por supuesto siempre con la inclusión de grupos de la tierra.

 
Parece mentira pero en aquella época existían más iniciativas que ahora. Desde bien joven mordí el anzuelo envenado de la música, y a los 13 años ingresé en mi primer grupo, Cuarto Menguante, de claro corte pop español, similar a algunos otros de la ciudad como podían ser, por ejemplo, Situación Límite, de los hermanos Pereda.

En ese primer año (93-94), recuerdo no haber presenciado menos de una veintena de conciertos entre cafés teatro (En Badajoz estaba muy de moda el Sting, en donde un grupo tocaba durante un fin de semana completo) o multitud de garitos en donde se celebraban barriles o fiestas privadas, en donde era más que habitual que algún grupo de la ciudad amenizara la ocasión. Ni qué decir de los días del Centro en cada Instituto pacense, gran ocasión para ver grandes grupos con escenarios y equipos de sonido de verdad.




Se sucedían los concursos de grupos locales, en los 40 y en la cadena 100. Precisamente, en junio del 93, se organizó un concurso de grupos de pop Rock, cuyos finalistas actuaron en el viejo Vivero de Badajoz con Mikel Erentxun como fin de fiestas. Ahí ya destacaban, entre otros, Vanagloria, que venían de Mérida, de donde también eran Bajos Instintos, o Los Desahuciados de Armando Mazuecos (quien provenía de Su Graciosa Majestad de Jerez de los Caballeros). Seguían saliendo grupos a los que veíamos en los super 1 y en diferentes actuaciones: Masadá, Titanic, Katarsis, Dirección Sur, Teddy Bear, Johny Be Good, Toque de queda o Los Aliados del Viento, que llegaban de Almendralejo. Grupos como Sínkope, de Quintana de La serena, o Inlavables de Badajoz, eran ya entonces unos clásicos del rock regional. Comienzan a sonar The Animal Crackers en Radio 3 y Los Aviones presentan su primer disco en el viejo Teatro Menacho.




Estábamos arrancando la nueva década de los 90 y se sucedían multitud de iniciativas para los grupos. El Circuito Regional de Cociertos (C.R.C.), Los Camiones de La Junta, Artistas en Ruta, las Giras de la Diversidad, arrancan los festivales encabezados por Contempopránea y más tarde con Zorrock y Musiberia entre otros. A partir del 96, una nueva revolución de grupos: LICH, Violent Popes, The Wichards, No Fishing, Syba, Full de Ases, Juego Oculto, Pimientos verdes fritos, Fantic, Geisha, Left Brothers, Darksound, Generación Pelele, Super 8... La lista es interminable.




Hoy en día ya no hace falta gastar una cantidad indecente de dinero para obtener una maqueta o demo, y gracias a Internet ni siquiera hace falta mandar vía postal tu música, ni siquiera colgar carteles anunciando conciertos. La lista de grupos hoy es tan interminable y variada como entonces, pero habría que recuperar muchas de aquellas iniciativas que, especialmente con apoyo institucional, ayudaron a crear un gran movimiento musical en nuestra región.

¿Por qué desapareció todo aquello? ¿Por qué aún nadie se ha preocupado de recuperarlo? Creo, sin lugar a dudas, que 1996 fue el año de partida. Estamos a las puertas de 2016, y 20 años no son nada. Veremos si las instituciones son capaces de volver a otorgar a esta región una nueva oportunidad para músicos, público, promotores y tantos otros que viven por y para la música.

Publicado en LaCarne Magazine en Octubre de 2015

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martes, 12 de mayo de 2015

El Fade Out. Vía de escape para virtuosos

Carniceria Sanzot
por Enrique Falcó

El Fade Out, también conocido como fundido, es un recurso de estudio muy utilizado en la música, que consiste en ir disminuyendo poco a poco el volumen de la canción. Normalmente se utiliza para finales de temas, y son muchos los músicos y críticos quienes insisten en que tras una canción con final Fade Out se esconde falta de creatividad y originalidad, pues un tema completo y redondo siempre ha de tener principio y final, y solo así una canción puede denominarse como tal.
Quien despieza el mejor género cárnico para ustedes desde esta Carnicería Sanzot no puede estar más en desacuerdo, máxime teniendo en cuenta la cantidad innumerable de grandes canciones que han plasmado para la historia con tan digno destino. El quid de la cuestión se halla como siempre en el modo de utilizar dicho recurso. Bien es cierto que en ocasiones es una solución desesperada ante la falta de ideas para un final digno, pero existen temas que piden a gritos un final Fade Out, bien porque la fuerza de su estribillo tienda a repetirse cual sonrisa contagiosa o por el contrario se busque un efecto calmante o desestabilizador.
En el caso de los músicos ejecutantes puede ser un recurso muy divertido para permitirse licencias en forma de virtuosismo instrumental que no han de resaltar durante el resto de la canción. Cantantes, bajos, guitarras, baterías… parece que todos poseen carta blanca para explayarse e incluir pequeños detalles que a veces son inapreciables en las partes finales. Algunos esconden verdaderas joyas de alto nivel interpretativo de las que no ha lugar en un estribillo, estrofa o sólo de algún instrumento, por aquello ya se sabe, de no distraer la atención en plan vanidoso McCartney cuando el pobre Harrison efectuaba sólos como el de “SomeThing”.
“El grupo extremeño Tam Tam Go! oculta entre sus fade out una particularidad que muy pocos seguidores del grupo conocen”
Lamentablemente, en la actualidad, con la moda de las reediciones muchas veces se pierden algunos de estos matices. Recuerdo la canción “The Most Beautiful girl in the wordl” de Prince, en el que el genio de Mineápolis realiza una complicada ejecución vocal, llegando más allá del falsete hacia notas que ni siquiera deben existir, de gran belleza que alcanza el clímax en los últimos instantes del fade out final. Para desgracia de los que disfrutamos con estas pequeñas joyas ya no se encuentran aquellas virguerías vocales del excelente músico en las nuevas reediciones, por lo que conservo aquella original de los 90 como si de una pieza de coleccionismo se tratara.
Es realmente gozoso para los amantes de la batería deleitarse por ejemplo con  estupendos breaks y contratiempos en los instantes finales del “Easy Lover” de Phill Collins y Philip Bailey, o con la voz de Lennon al revés en “Rain” o por ejemplo las virguerías al bajo de McCartney en los instantes finales de Magical Mistery Tour.
Es curioso, pero si pensamos en grupos amateurs no suelen prodigarse en este fenónemo. Quizás, claro está, por aquello de trabajar más los ensayos para el directo en donde tan excepcional fenómeno es imposible de utilizar. Si me pongo a pensar me cuesta encontrar una maqueta o demo de algunos de los grupos extremeños en donde aparezca dicho recurso. Me viene a la cabeza una maqueta del grupo pacense DOCH (en el que varios de sus miembros, como el excelente cantante Enrique Martínez militaban en la conocida formación Fantic) que en su día comenzaba con el tema “Safety” al revés, es decir en vez de acabar la canción bajando progresivamente el volumen arrancaba de menos a más, creando un efecto realmente estupendo. En mi época de músico en activo creo que fueron un par de temas del grupo Left Brothers, “Cartas” y “Soledad” incluídos en Soledad (2014, Maidins) aunque creo que nunca en maqueta con ninguno de mis otros grupos.


El grupo extremeño Tam Tam Go! oculta entre sus fade out una particularidad que muy pocos seguidores del grupo conocen. Recuerdo en pleno pelotazo del Espaldas Mojadas (1990) cuando en la canción del mismo título Nacho Campillo cantaba aquello de “Tu me quieres, yo te quiero, tu me quieres, yo te quiero no hay dinero…”. Se convirtió en una frase muy conocida de la canción, pero pocos saben que ya podía escucharse años antes en el primer corte de Spanish Suffle (1988) en la versión original de lo que luego se convirtió en “Manuel Raquel”. Me refiero a “Lawrence´s heart is weak” en la que a pesar de ser interpretada en inglés puede oírsele a Campillo en el fade out final dicha frase en español. Lo mismo ocurre en Spanish Romance (1989) en una de las mejores canciones del grupo, que increíblemente no fue incluída en el LP original en vinilo y solo podían disfrutar los que adquirieron el cd, “Granada Eyes”, otro precioso tema en inglés que incluye la famosa frase de Nacho Campillo en el fade out final.
Como muestra de que aunque me pirren los fade out estos no siempre están exentos de negatividad, quiero hacer constancia de una chapuza cometida en este país en el año 1991, cuando a los editores del Boom 91 (Aquellos recopilatorios que salían todos los años con los éxitos del momento) se les ocurrió cortar “Entre dos tierras” de Héroes del Silencio con un fade out al comienzo del punteo central, a la postre la mejor parte de la canción. ¡Lamentable e incomprensible!
Otro aspecto poco práctico de los fade out es a la hora de “interpretar” un playback, por lo que no comprendo como artistas de primer nivel siguen escogiendo canciones con fade out final como single de promoción.
Amigos lectores, ya sabéis, a escuchar las canciones hasta el final, puede haber una sorpresa escondida. Y a ti, amigo músico… no te cortes, ejecuta esos gorgoritos que tantas ganas tienes de soltar, o ese redoble de batería… aprovecha los fade out. Si total, es casi el final de la canción… y apenas se va a oír.