Don de Loch Lomond

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viernes, 6 de febrero de 2015

El Carnaval pacense y sus bicocas musicales


La música siempre es un medio de comunicación con tintes mágicos que nos produce sensaciones parejas al clímax en nuestros sentidos. Cualesquiera que sean los canales de su difusión, y por supuesto su forma y estilo.

Desde el mostrador de esta carnicería jamás cometeríamos la torpeza de desechar a la basura cualquier estilo musical, por muy alejado que parezca de nuestros intereses principales. Siempre insisto en la importancia de unificar estilos, pues éstos mismos jamás tendrían sentido por sí solos. ¿Por qué no puede un buen batería de música pop escuchar Heavy Metal, Jazz o incluso sevillanas y rumbas, y adoptarlo a su estilo de ejecución? Sin duda, el resultado será cuanto menos sorprendente y enriquecedor.

Nos encontramos en un mes, Febrero, que sin duda ostenta gran protagonismo musical en nuestra región. Los Carnavales son una excusa perfecta para los amantes de la música, quienes sin duda se han nutrido de los diferentes estilos musicales para engrandecer la belleza de sus obras.

En Extremadura, y más concretamente al sur, en Badajoz, en donde son Fiesta de Interés Turística Nacional, sin duda una gran partida de músicos de diferentes estilos han colaborado para elevar el nivel musical en murgas y comparsas. No se explica si no de otro modo una evolución como la que ha experimentado la música carnavalera desde los primeros 80 a nuestros días.



En el caso concreto de las comparsas, sin duda se reinventan año tras año hasta imaginar ritmos realmente diferentes e imaginativos, que consiguen sorprender junto a las invenciones constantes de nuevos instrumentos de percusión.

En las murgas, sin embargo, disfrazados por la cortina del sentido del humor y del cachondeo, se nos cuelan en ocasiones pasodobles, presentaciones y popurrís que rozan la belleza armónica en todos sus conceptos.

Tras las primeras formaciones ochenteras, animados con un envidiable sentido del humor y ganas de pasarlo bien, una nueva generación de músicos de todos los estilos fueron transformando y dignificando las piezas musicales ofrecidas. Nuestros lectores tal vez se sorprendieran al conocer el alto número de músicos de rock, pop, heavy o metal que forman parte de estas agrupaciones. Tunos, cantantes de grupos rocieros, profesores de música, guitarristas, teclistas, baterías… los hay de todos los palos, y es de justicia que aporten dentro de sus posibilidades sus experiencias para mejorar el sonido de su agrupación.



Por citar algunos ejemplos destacaría al gran Pedro Wichard, vocalista de Darksound, quien despliega su potente voz en la Murga Los Niños desde hace casi 20 años. En la misma formación podríamos destacar la labor musical en la composición y en la interpretación de las guitarras de Javato, alma artífice de Javato y Los Disfrutones. Pero existen muchos más, y me vienen a la cabeza nombres de cantantes como Ismael Regalado o Alex Vázquez. O incluso personajes radiofónicos como El Capitán Chanfaina, El Niño del Garfio y El Almirante Cachuela. Sin olvidarnos de periodistas y locutores musicales como José Luis Lorido.

Todos llevan años aportando su granito de arena. Las voces hace ya muchos años que dejaron de sonar al unísono sin peocupaciones de tonos y melodías, existe un cuidado y trabajado desarrollo vocal, al igual que en la composición de los textos, en donde las rimas absurdas consonantes y el chiste fácil han pasado a mejor vida.

El protagonismo de las guitarras es soberbio, y sus músicos ejecutan riffs y punteos, que sin duda serían pieza destacada en una obra rock.

La evolución de los instrumentos de percusión en las murgas quizás hayan experimentado su transformación más radical.

La aglutinación entre caja y bombo se convierte en imprescindible, y continuamente entre ambos músicos ejecutan piezas que harían las delicias del mejor de los baterías. Desde sorprendentes ritmos bombo-caja-charly hasta el efecto de la apertura del hit hat, pasando por redobles de cuatro tiempos. Es una lástima que precisamente estos músicos, relegados a la parte de atrás, pasen prácticamente inadvertidos durante sus actuaciones.



En las presentaciones de las murgas es donde en la mayoría de ocasiones podemos disfrutar del virtuosismo de algunos de los músicos, debido a que las normas del Concurso de Murgas del Carnaval de Badajoz señalan que en la presentación pueden emplearse todos los instrumentos que de una u otra manera mejor convengan a las formaciones.

Lo más habitual es incluir algún teclado o diferentes instrumentos de percusión, pero no en pocas ocasiones nos sorprenden con violonchelos, contrabajos o clarinetes para deleite de quienes agradecen esas pequeñas bicocas musicales.

Estoy convencido en que desde ahora usted, desocupado lector, tras las líneas aquí escritas, como aficionado al arte y a la buena música, escuchará a las comparsas y murgas desde un prisma distinto, y sabrá apreciar la deliciosa música que esconden tras el, por otra parte, tronchante disfraz del carnaval.

sábado, 10 de mayo de 2014

El Carnaval de " Los Niños"

Cuando evocamos a la memoria y realizamos un nostálgico viaje en el tiempo a través de nuestros recuerdos, es casi imposible no vislumbrarse a uno mismo inmerso en la magia del Carnaval pacense. Siempre existe una mención especial, un momento entrañable que se desarrolla disfrazado y rodeado de amigos o familiares, disfrutando del baile de máscaras con la inconfundible banda sonora de tambores y pitos que ya, desde la fiesta de las candelas, se empeñan en recordarnos que estamos en esa breve época del año en la que merece la pena olvidarnos de todo lo malo y dedicarnos a disfrutar como buenamente podamos de una fiesta de la que presumimos y que sin duda es tan grande como nuestra.

Pero existe otra banda sonora, que también acompaña a los espectros que figuran en nuestra sesera desde la niñez. Me refiero naturalmente a las murgas, y muy especialmente al concurso de estas agrupaciones que se desarrolla desde el año 1982.

Aun recuerdo cuando había que sintonizar un canal en aquellas viejas televisiones de los años 80 para disfrutar del concurso de murgas que entonces se desplegaban en el viejo y entrañable Teatro Menacho, en donde ahora existe un Zara al que miro con el desprecio que supone una traición a tan especiales momentos vividos en el interior de su sagrado recinto, en donde la magia del cine y del teatro me ayudaron a crecer a sabiendas que los sueños pueden cumplirse si nos lo proponemos todos los días.

Aquellos primeros concursos eran tan rudimentarios como entrañables. Cargados de buenas intenciones y un espontaneo y envidiable sentido del humor, en detrimento eso sí de cierta armonía vocal y musical y cuanto menos de calidad en el vestuario. Pero lo esencial eran las ganas de pasarlo bien, algo que lamentablemente en los últimos años no ha trascendido tanto como otros aspectos a la postre bastante menos románticos que van más allá de intentar conseguir esa media sonrisa o explosiva carcajada que los amantes del concurso buscamos en cada edición sin descanso.

El nivel de las murgas así como la preparación de los murgueros aumentó. Llegaron las nuevas reglas y a finales de los 90 se acabó con aquel bendito desorden en el que cada formación cantaba lo que quería y como quería. Algunos de los murgueros más veteranos no acogieron de buen grado estos cambios, pero es indudable que la "profesionalización" de este concurso nos ha proporcionado a lo largo de los últimos años momentos inolvidables e impagables de humor y felicidad. Sigo sin comprender a aquellos que solo apoyan a una murga o a las más populares cuando todas las agrupaciones pueden proporcionarnos excelentes momentos.



Un aspecto que siempre ha llamado poderosamente mi atención es el grado de "frikismo" que rodea toda la parafernalia que supone el concurso: Colas enormes para conseguir entradas, puyas constantes al jurado, canciones dedicadas entre las propias murgas o críticas en las letras sobre aspectos muy particulares que se tratan como si fueran conocidísmos. Llega un momento, en el que un espectador que no conozca profundamente todos los avatares del mundo carnavalero puede llegar a sentirse desorientado respecto a la temática de una actuación.

Sin duda fue en la edición de 2007 en la que todo este grado de frikismo alcanzó su mayor cota de espectacularidad. La murga "Los Niños", a la que guardo especial simpatía por aquello de ser coetaneos en edad y aportar risas y buen humor en todas sus participaciones, realizó un extraordinario ejercicio de originalidad y humor surrealista al parodiar y homenajear a la vez a aquellas primeras murgas del concurso.



Con el nombre de "Los Viriviriflantas. Feliz Carnaval 1986" la divertida formación parodiaba con mucho respeto y en tono de humor lo que podría haber sido la actuación de una murga debutante en aquel año. Para ello llevaron al límite su intervención (cantar algo desafinado, redobles y voces que entraban a destiempo, simplicidad y rimas absurdas en las letras, anarquía de movimientos en el escenario... hasta los antiguos micrófonos de pie y los recortes de serpentinas) hasta el punto de incumplir una de las normas del concurso. Utilizaron música que no era original en un pasodoble, algo no permitido por las nuevas reglas pero imprescindible para la naturaleza de su disfraz y de los personajes de la actuación, ya que por aquellos años, prácticamente todas las murgas utilizaban el tanguillo de los carnavales de Cádiz para sus pasodobles.

Una genialidad que no fue entendida como tal por los miembros del jurado, y por parte de algunas agrupaciones, por lo que fueron descalificados, poniendo fin a una de las actuaciones más extraordinarias (en todos los sentidos) que ha tenido lugar en el Concurso de Murgas.

Irrefutablemente, "Los Niños" se han ganado a pulso escribir con su arte un pedacito de la histora de este concurso, hasta el punto que esta edición será conocida en un futuro como "El Carnaval de Los Niños", el de su ausencia, el del año que no participaron en el concurso de murgas, haciendo bueno el dicho que asegura que aunque nadie sea imprescindible existen huecos que son mucho más difíciles de llenar que otros.

Esperemos que sea una anécdota, o ¿Por qué no? Incluso otra de sus bromas, y los tengamos con las pilas cargadas en el concurso del 2015. El Concurso de Murgas de Badajoz será grande eternamente, pero sin duda alguna , con "Los Niños" siempre será mejor.

sábado, 15 de marzo de 2014

Carnaval para todos los públicos


La magia del Carnaval pacense nos envuelve de manera diferente según pasan los años, pues indudablemente cada edad tiene su etapa y nuestra fiesta se ofrece de múltiples maneras para poder disfrutarla.

En mi niñez el Viernes de Carnaval se convertía en un día muy especial, por aquello de poder acudir al colegio disfrazado, de adolescente recuerdo cómo contaba los días para Las Candelas y aquellos concursos de tamboradas que se organizaban en la Plaza de los Conquistadores y hacían vibrar todos los edificios de la ciudad.

En los últimos años, inmerso en la treintena, disfruto mucho del concurso de murgas, pues aunque nunca consigo presenciar el certamen en vivo, si puedo empaparme de todas las vicisitudes que lo componen gracias a Internet y (solo a veces) nuestra televisión regional.

Como cualquiera tengo mis favoritas, pero mentiría si no me confieso simpatizante de todas las agrupaciones que se suben a concursar al escenario del López de Ayala, pues no hay nada más gratificante que comprobar que aun existen quienes se empeñan en hacernos sonreír y pasar un buen rato a pesar de los difíciles tiempos que nos ocupan.


Todas las murgas, sean más o menos veteranas, de mayor o menos calidad, ofrecen momentos hilarantes y estupendos, por lo que se me siguen llevando los demonios cuando observo la falta de respeto que se produce por parte del público al abandonar el teatro tras la actuación de su murga predilecta. Aunque a todas les presto atención he de reconocer que tal simpatía e interés aumenta cuando algún amigo o compañero forma parte de alguna u otra.

En el caso de "A Contragolpe" me encanta fijarme en los avances como caja de mi amigo y compi de trabajo José Antonio Gallego, o como a mi más me gusta llamarlo, Urru, aunque casi ni me acuerde ya del por qué de este apodo cuando ambos comenzamos a trabajar juntos hace casi diez años.

Recuerdo entrañables cenas en el Restaurante Marchivirito, mi fonda predilecta, en las que junto a mi pareja y amigos siempre tratábamos de conseguir mesa para cenar el Sábado del Carnaval, sabedores de que la antigua murga de mi compañero, "La Tarasca", nos deleitaba en la sobremesa con su siempre divertida actuación.


Esta es otra de las posibilidades y maneras diferentes de vivir nuestro Carnaval, interactuando en los locales de ocio de la ciudad y en sus calles, pudiendo disfrutar de ellas de manera espontanea o inesperada. Espero que todos y cada uno de ustedes se sientan también especial en estas inigualables fiestas, sean o no miembros de una murga o comparsa. Cada uno puede vivirlo y disfrutarlo a su gusto y a su modo, y como ven, la edad, el trabajo o el estado civil no ha de suponer excusa alguna.

Gracias a los amigos de "A Contragolpe" por ofrecerme la oportunidad de publicar en su revista, y gracias a usted, desocupado lector por su compra y difusión, ya que de alguna u otra manera, así también hacemos más grande cada día nuestro Carnaval.

¡Feliz Carnaval 2014 a todos los pacenses! ¡Viva el Carnaval de Badajoz!

Publicado en la Revistas de la Murga "A Contragolpe" en el Carnaval de Badajoz 2014

miércoles, 26 de febrero de 2014

Cajas y bombos del Carnaval de Badajoz


Carlos Castaño (Caja) y Carlos Sánchez-Cortés (Bombo) más conocidos a este lado del Guadiana como "Kastaño" y "El Chungo" de la Murga "Los Water" en una foto tomada en Septiembre de 2009. Bombo y Caja de murgas, un matrimonio necesariamente bien avenido
Carlos Castaño (Caja) y Carlos Sánchez-Cortés (Bombo) más conocidos a este lado del Guadiana como "Kastaño" y "El Chungo" de la Murga "Los Water" en una foto tomada en Septiembre de 2009. Bombo y Caja de murgas, un matrimonio necesariamente bien avenido

No es la primera vez que reivindico públicamente el excelente trabajo que ejecutan los percusionistas de las murgas, trabajo que parece ser invisible para la mayoría, a diferencia por ejemplo de los percusionistas de las comparsas, aunque bien es cierto que una cosa no tiene nada que ver con la otra, y que ambos ejecutan su arte con gran tino y acierto.

El Bombo de "Ese es el Espíritu" rompiendo la maza en plena actuación. Se le nota que toca con ganas. ¡Cosas del directo! Foto de Alcintas de la página Recortes de Serpentina
El Bombo de "Ese es el Espíritu" rompiendo la maza en plena actuación. Se le nota que toca con ganas. ¡Cosas del directo! Foto de Alcintas de la página Recortes de Serpentina
  

 Cuando era pequeño el sonido de los ritmos de las comparsas me volvía loco, y contaba los días que faltaban para presenciar la tamborada, mientras que a las cajas de las murgas apenas les prestaba una atención anecdótica.

Quizás haya sido la imposibilidad de sorprender de las comparsas a lo largo de los años (algo realmente complicado por otra parte), y la gran evolución de las murgas, lo que ha provocado con el paso del tiempo este intercambio de gustos e intereses.






Caja y Bombo siempre juntos
Caja y Bombo siempre juntos




Sigo insistiendo en que a los cajas y bombos de las murgas no se les valora ni se les presta tanta atención como a las voces, o por ejemplo a los guitarristas, o incluso a sus propios colegas percusionistas de las comparsas.

Casi nunca se escucha un comentario positivo entre los presentadores y tertulianos de los programas de carnaval, pasando desapercibido también para los críticos.

Más que un bombo y una caja, la murgas parecen contar con una batería completa gracias a la habilidad y coordinación de los cajas y bombos
Más que un bombo y una caja, la murgas parecen contar con una batería completa gracias a la habilidad y coordinación de los cajas y bombos
 Es por ello que una vez más rompo una lanza en su favor y brindo hoy por ellos, porlos bombos y cajas de las murgas, con mi mejor LOCH LOMOND, y les animo, por supuesto, a todos ustedes, a que no pierdan de vista su fenomenal trabajo, llevando el tiempo, marcando los cambios y los finales, formando caja y bombo una sola batería donde hay espacio para todos los ritmos imaginables, con su bombo, hit hat, redobles de tam tam y platillazos finales.


Bombo y Caja de Los Niños en los preliminares del Carnaval de Badajoz 2012. Foto de Alcintas de la página Recortes de Serpentina
Bombo y Caja de Los Niños en los preliminares del Carnaval de Badajoz 2012. Foto de Alcintas de la página Recortes de Serpentina


Échenles una miradita de vez en cuando,descubran como se lo curran, e imaginen que sería del resultado final sin su habilidad, coordinación y sentido del ritmo.  A ver si este año los realizadores y cámaras de Canal Extremadura TV  les echan una mano ofreciendo de vez en cuando imágenes de sus mejores momentos… aunque sea en diferido.

Esta es mi opinión… y yo la comparto.

¡Pero qué público más tonto tengo!

El público del López de Ayala, o al menos gran parte de él, no se comporta con la grandeza que se espera de él durante el Concurso de Murgas del Carnaval de Badajoz.
El público del López de Ayala, o al menos gran parte de él, no se comporta con la grandeza que se espera de él durante el Concurso de Murgas del Carnaval de Badajoz.

De esta guisa se arrancaban a tocar los “Kaka Deluxe” a principio de los 80, una de aquellas primeras y precarias bandas de la famosa y sempiterna “movida”, aquel movimiento socio cultural germen de grandes bandas que años después nos regalarían grandes canciones parala historia de la música pop en España.

Kaka Deluxe”, en donde militaba una jovencísima Alaska, era una de aquellas bandas conmás ganas e ideas que virtuosismo instrumental, y buscaba en la provocación una manera como cualquier otra de llamar la atención y mantenerse en el candelero. Es curioso pero fue también a principios de los 80 cuando los Carnavales comenzaron a coger fuerza en Badajoz, y sus protagonistas, también precarios en medios como los grupos musicales de la movida, tenían ante todo más ganas de divertirse que cualquier otra cosa.

Pero no pretendo hablarles hoy de grupos musicales, sino de público, del público del López de Ayala concretamente, aquel que hace horas y horas de cola para conseguir una entrada para presenciar en vivo el ya tradicional y esperado concurso de Murgas de Badajoz.

¿Como se puede combatir el frío y hacer tantas horas de cola para abandonar una butaca?
¿Como se puede combatir el frío y hacer tantas horas de cola para abandonar una butaca?

Como comprenderán a estas alturas, quien suscribe no busca llamar la atención ni pretende provocación alguna, que eso ya ni se lleva y ni mucho menos está de moda, ni siquiera ofender con un inocente “tonto” a quienes ocupan una butaca en el López durante el concurso

Pero sí me gustaría que sirviera como toque de reprobación, y que a más de uno, las palabras de mi menda les indujera a reflexionar sobre un comportamiento nefasto que viene protagonizando desde hace ya muchos años gran parte del público del teatro, que indigna a murgueros y carnavaleros en general, y en especial a todo aquel bien nacido que guarda en su haber algo de buena educación y ciertos valores.

Los propios murgueros se han mostrado perplejos, y han criticado en muchas ocasiones en sus letrillas a quienes por ejemplo abandonan su butaca tras la actuación de la murga con la que simpatizan, ya sea porque en ellas militan amigos, parejas o familiares. El aforo del teatro es limitado, y existen muchos que no pueden conseguir una entrada ni permitirse guardar colas durante horas para disfrutar de un concurso que llevan esperando casi un año

Esta falta de respeto hacia los ciudadanos con menor fortuna se agrava hacia los murgueros que tras un año de preparación observan como su trabajo es ninguneado y despreciado, mostrando realmente que no existe aquel espíritu carnavalero del que el público del López, y en especial todos los pacenses, presumimos y hacemos gala durante nuestra fiesta.

Hay gente que guarda horas de colas para conseguir entradas. Sin embargo, especialmente durante los preliminares, tras la actuación de alguna murga puntera, muchas butacas son abandonadas.
Hay gente que guarda horas de colas para conseguir entradas. Sin embargo, especialmente durante los preliminares, tras la actuación de alguna murga puntera, muchas butacas son abandonadas.
Si reprobable es abandonar la butaca no menos feo es mostrarse poco o nada receptivo con todas las murgas, que indudablemente, algunas serán más flojas que otras, pero todas guardan grandes dosis de ilusión y divertidos momentos para hacernos pasar un buen rato.

El público del López se está transformando en algo parecido a los forofos y fiebres de determinados equipos de fútbol, en donde un hincha del Madrid no es capaz de disfrutar con un pase de Xavi y una ejecución magnífica de Messi y otro del Barcelona es incapaz de reconocer la grandeza de Casillas o las innegables cualidades de Cristiano Ronaldo.

En esta época todos debemos estar más predispuestos a la risa que nunca, y hemos de ser generosos de buen humor y amigos íntimos del sano ejercicio del cachondeo.Quien disfruta de los carnavales ha de hacerlo sí o sí durante todo el concurso de murgas, y aceptar la decisión final del jurado con menor o mayor fortuna para su agrupación favorita. También debería respetar a los demás espectadores del teatro, o a los que siguen el concurso a través de la radio o la televisión.

 Reconozco que se me llevan los demonios cada vez que la cateta de la primera fila, o el “macarrilla” de turno, o el paisano de este y aquel, o todos al mismo tiempo, intentan hacerse oír por encima del murmullo incesante de expectación que transcurre instantes antes de cada actuación murguera.

-“¡Eso es un murga!” – jalea la ordinaria de turno  – “¡Ese Chiqui bueno!” grita el otro – “¡Guapo!”, “¡Tía buena!”,  “¡Tú sí que vales!”, “¡sois los mejores!” – y demás estupideces por el estilo que no vienen a cuento y muchas veces incluso interrumpen el normal desarrollo de la actuación. ¡Por el Cetro de Otokkar! ¡Menuda panda de cansinos!

¡Parece una absurda competición por hacerse notar unos por encima de otros cuando a los que tienen que escucharse alto y claro es a los integrantes de las murgas! Sin olvidarnos de los “¡Oles!” y aplausos cuando algún que otro cantante frustrado se lanza a desgañitarse con gorgoritos insufribles en el momento cumbre de la actuación. Pero ese tema, el de los murgueros que pretenden ser cantantes profesionales, lo dejamos para otro día, que también trae cola.

El público debería de tener claro que su deber es permanecer en silencio, atento a las letras, voces, música y puesta en escena, disfrutando, sin reprimir por supuesto la inevitable y necesaria risa, aunque en ocasiones sea ruidosa y en forma de escandalosa carcajada, de eso se trata.

Todas las murgas que se suben al escenario del López de Ayala, desde "Los Niños" a "Los Zariguellas", merecen un respeto por parte del público. Todas las formaciones tienen buenos momentos que brindarnos.
Todas las murgas que se suben al escenario del López de Ayala, desde "Los Niños" a "Los Zariguellas", merecen un respeto por parte del público. Todas las formaciones tienen buenos momentos que brindarnos.
¡Los aplausos, los silbidos, los “bravos” y los “oles” solamente están justificados al principio y al final! ¡A ver si nos vamos enterando!

Pero después de todo se trata de divertirse, y más en estos últimos años tan difíciles dondenecesitamos más que nunca la risa y el buen humor. Por lo tanto me dirijo a ti, desocupado lector, que seguro que te has visto reflejado en alguno de los renglones de este artículo.

En lugar de ciscarte en mis muelas deberías reflexionar, y admitir que en según qué ocasiones no te has portado con la corrección que se espera de un pacense que ama y vive su fiesta con especial devoción. Así que ya sabes, a disfrutar de todo el concurso de murgas, a reírte y brindar tu apoyo a todas las formaciones, y en especial a regalarles tu sonrisa, y tu aplauso, que todas se lo merecen, ya que trabajan durante un año para intentar hacernos un poco más felices.

Y sobre todo, como cantaba hace ya algunos años una inolvidable tribu africana-pacense: “¡No te enfades…. que estamos en Carnaval!”.

¡Feliz Carnaval 2013!

Corazón y memoria



Hablar del Carnaval de Badajoz, cuando uno es pacense y además todavía ronda la treintena, no deja de antojárseme como un ejercicio muy grato, sano y bastante recomendable. Me atrevería a afirmar que incluso me resulta terapéutico. Yo aún diría más, mi querido Hernández, hasta me resulta muy terapéutico. Cuanto más si tan noble exposición se realiza de esta inmejorable tribuna que no es otra que esta Revista Oficial del Excmo. Ayuntamiento de Badajoz, desde donde por primera vez (y espero que por muchos años) me dirijo a ustedes, siendo consciente de la enorme responsabilidad para con mis conciudadanos, y con la finalidad de transmitirles mis impresiones sobre una fiesta, la nuestra, la de todos, que ocupa un lugar especial en mi corazón y en mi memoria.



El menda era hasta hace bien poco uno de tantos treintañeros que, tras los excesos de la adolescencia y primeros años de juventud, comenzaba ya a renegar de una fiesta a la que consideraba de escaso sentido, y a la que cada año se resistía con más pereza. ¡Cuan traidores podemos llegar a ser los hombres cuando renegamos de nosotros mismos y de nuestros recuerdos más dulces y entrañables! Gracias a Dios, el Tiempo, ese puñetero mal nacido, fiscal implacable e impasible donde los haya, se encarga de poner a cada uno en su sitio, y de equiparar cada momento de tu vida en el espacio asignado por la memoria, la cual dictamina los recuerdos que se convertirán en inquilinos de nuestro corazón y aquellos que sin embargo serán desechados y se volatilizarán de nuestros recuerdos para siempre como polvo en la lluvia.

Fue hace un par de febreros, cuando me disponía como cada domingo a dirigirme a mis desocupados lectores de HOY, cuando me rencontré, gracias a la memoria, con el Carnaval de mi tierra. Lo que comenzó como un despliegue de crítica con ademán de desprecio y ninguneo, con cierta alevosía y bastante mala leche y peor café, acabó convirtiéndose como quien no quiere la cosa en un entrañable homenaje a la magia del Carnaval de Badajoz.

Resulta sorprendente viajar al centro del cerebro y comprobar cómo uno de tus primeros recuerdos tangibles de la niñez es la de tu propia imagen, disfrazado de futbolista, embargado de ilusión y felicidad, acudiendo de la mano de tu madre a la guardería, donde te esperaban todos tus compañeros ataviados con sus disfraces. Si la mayoría de jóvenes de mi quinta, hicieran un pequeño esfuerzo y viajaran a través de su memoria más atrás en el tiempo, no me cabe la menos duda de que la mayoría de éstos se sorprenderían a sí mismos con recuerdos de parecida índole.

Me encantaba disfrazarme de futbolista

Es curioso que el primer disfraz que recuerde sea el de futbolista, posiblemente será por aquello de que todos nos disfrazamos de lo que nos gustaría ser, o de lo que nos hubiera gustado ser. Aunque no creo al cien por cien dicha afirmación, pues en una ocasión, con 14 años, me disfracé de animadora rubia y con coletas, con sus pompones y todo, y dudo que jamás de los jamases albergara en mi oronda inmensidad dedicarme a tan travestida profesión. 

Hay quien insiste en que no hay nada peor que un hombre disfrazado de mujer, ya que según las malas lenguas (que incluso por aquí también las hay) alimenta la sospecha además de hacer gala de un mal gusto considerable. Quien suscribe no mantiene tal máxima, y sus conciudadanos seguramente tampoco, ya que nos hemos criado en la evidencia y en la opinión de que lo que uno busca al disfrazarse es divertirse y divertir a los demás. ¡Qué ganas tienen algunos cenizos de ver la paja en el ojo ajeno e insistir en que algo no pueda dejar de ser divertido sin un trasfondo de dudosa negatividad!



En Badajoz, el disfraz siempre ha sido lo de menos. Una simple excusa en pos de la diversión más sana y la búsqueda inagotable de la media sonrisa o la explosiva carcajada. 

Aún recuerdo, no sin cierta nostalgia, cuando en mi grupo de amigos, cansados ya de los preparativos y de lo difícil que era ponerse de acuerdo, nos inventamos el más cómodo y sencillo de los disfraces. Hartos de pasar frío en anteriores ediciones, y de cargar con los más a absurdos accesorios, nos enfundábamos unas viejas batas de médico sobre nuestras ropas de abrigo que maqueábamos para la ocasión. Algunos añadían, como único accesorio, enormes y divertidas jeringuillas que como bien pueden imaginar no cumplían sino una función estrictamente etílica. 

Existen, por el contrario, quienes se toman muy en serio todo lo referente al disfraz. Lo deciden con suficiente tiempo junto a sus pandillas de amigos, y gastan no poco estipendio en la consecución y complementos de lo mismos, y a éstos se les nota un brillo especial en los ojos cuando se los enfundan por primera vez para escuchar el pregón del Viernes de Carnaval, con los primeros tambores como telón de fondo.



Ese tambor, que por cierto no deja indiferente a nadie. Algunos lo aman por considerarlo el símbolo del Carnaval de Badajoz, otros reniegan de él afirmando que es un peñazo. Un servidor no opina ni lo uno ni lo otro… sino todo lo contrario. Existen momentos apropiados para el tambor, de la misma manera que los hay para el baile, el cante o una conversación distendida y animada. Aunque mentiría si no reconociera que en esta ciudad, el noble y difícil arte de la percusión se toma muy a la ligera. 

Existen quienes realmente ejecutan un trabajo admirable en las tamboradas y en el desfile del domingo, pero igualmente hay muchos que en cuanto portan un par de baquetas en las manos se creen que pueden emular a Phill Collins, y éstos resultan algo pesados. Lo poco agrada y lo mucho cansa, y las comparsas, numerosísimas por cierto, deberían replantearse si tras las tamboradas y el desfile, no sería más adecuado poner en práctica el antiguo y sabio dicho griego que afirma que en el término medio se encuentra la virtud. 

A muchos les sorprende mi poca devoción por las percusiones de las comparsas (que no por el excelente y vistoso resultado de sus majestuosos trajes), ya que a priori dan por hecho, que habiendo tocado la batería tantos años en agrupaciones pacenses, lo gozo de lo lindo con sus creaciones. En defensa de éstas habría que matizar que tras tantos años, la posibilidad de sorprender es cada vez más compleja a pesar del enorme esfuerzo y dedicación de sus componentes.


La verdad es que en los últimos años disfruto más con las ocurrentes murgas, cuyo concurso sube de categoría en cada nueva edición hasta extremos de tener que organizar preliminares para asegurar cierto nivel en la final. Siempre he preferido a las murgas más divertidas, en detrimento de las denominadas más serias, pero disfruto musicalmente con ambas. En varias murgas pacenses podemos encontrar algunas de las mejores voces y más soberbias guitarras, y en casi todas ellas un arte impecable y un trabajo realmente imaginativo en sus percusiones, cuyos músicos ejecutantes no suelen recibir elogios equiparables al resto de colegas. El alto nivel y el enorme grado de coordinación existente en muchos de ellos consiguen como resultado final que su murga parezca contar con una batería completa en lugar de un simple bombo con platillos y una caja. Se escuchan ritmos bases de pop, de música disco, de rumba, de salsa, de heavy e incluso de reggaetón. Con sus redobles de caja y timbal, y sus característicos sonidos de “hi hat” abriéndose y cerrándose. Desde estas líneas ruego el justo reconocimiento a su encomiable labor.

Siempre me ha resultado digno de admiración lo volcada y presente que se haya gran parte de la ciudadanía pacense en todo lo referente a nuestro Carnaval. Es raro no conocer a nadie de tu entorno que no figure en comparsa o murga, o que sea parte del equipo de alguna asociación que organiza desfiles infantiles de disfraces o cualquier acto relacionado con nuestra fiesta. Solo así se explica el hecho de que el Carnaval de Badajoz haya sido declarado Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Algunas voces animan a trabajar más en pos de una mayor difusión fuera de nuestras fronteras, para que cada vez más personas se animen y se unan a los miles que nos visitan cada año, algo que especialmente a mí, como ciudadano me agrada e ilusiona profundamente.

Pero sin olvidar que más allá de la difusión nacional, y de la promoción que pueda suponer para nuestra ciudad, el Carnaval debe ser ante todo, un recuerdo constante, un habitante ejemplar de nuestra memoria, para no olvidarnos de la fiesta que todos los pacenses debemos llevar por y para siempre en nuestro corazón.