Don de Loch Lomond

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jueves, 10 de abril de 2014

Esperanzas y canastas rotas

Drazen Petrovic y Fernando Martín. ¿Quien no querría emularlos?


Mi generación, la de los que ahora tenemos treinta y tantos años, se crió en la calle, en una época en la que la imaginación y el lema: «solo no puedes, con amigos sí» sustituía y superaba con creces cualquier ñoñería electromagnética de las posteriores, quienes seguramente cuentan con más amigos virtuales que los de carne y hueso de toda la vida.


Mi domicilio familiar, sito en la Avenida de Fernando Calzadilla de la capital pacense, que entonces no era más que una prolongación de la carretera de Valverde, contaba con la inmejorable ventaja de una calle trasera, ‘Manuel García Matos’, sin salida, prácticamente vacía, y a la que los niños del barrio y alrededores teníamos la sana costumbre de acudir casi a diario a participar en los más inverosímiles juegos, aquellos que nos procuraron una infancia bastante más amena y agradable que la de muchos niños de papá de los de ahora, criados a la sombra de Internet y de las nuevas tecnologías.


En aquella época, en la que por culpa de aquella selección nacional de la plata del 84, y un tal Drazen Petrovic, junto con los Bird, ‘Magic’ y Jordan, el baloncesto era casi más importante que el fútbol, los niños del barrio no podíamos dar la espalda al sueño que suponía convertirse en el nuevo Epi, Fernando Martín, o aquellos jóvenes tan increíbles del Juventud de Badalona, Jordi Villacampa y Rafa Jofresa.


A falta de aros, una mancha en forma de rectángulo sobre la vieja pared, que lindaba con la ya entonces abandonada cárcel de Badajoz (hoy Museo MEIAC) y una placa de vado permanente situada encima del garaje de en frente, sustituían a las flamantes canastas con sus aros y tableros que sólo podíamos disfrutar en las horas lectivas.


Las reglas eran claras e irrebatibles. Conque solo una parte del balón tocara la mancha o parte de la placa, los dos puntos volaban hacia tu marcador, y el menda siempre ha tenido mucha puntería, ustedes ya me entienden. Muchos se preguntaban, en mi época en el equipo de baloncesto del General Navarro, cómo era posible que aquel base fuera capaz de marcar triples a tabla con tanta facilidad como el famoso internacional puertoriqueño ‘Piculín’ Ortiz. Supongo que es un ejemplo parecido, aunque salvando las grandes distancias, al de la ‘Bomba’ Navarro, quien se crió, al contrario que los niños de mi barrio, bombeando balones hacia un aro sin tablero.



Nos divertíamos jugando a nuestra manera, nos hacía sentir especiales, orgullosos de nuestra imaginación y destreza, pero aun así hubiéramos ardido con gusto durante un tiempo prudencial en las calderas del mismísimo Infierno por poder contar con un par de canastas de las de verdad, de aquellas que hacían ese ruido tan característico al pasar el balón por el aro y aterrizar en la red, que te ponía la carne de gallina y te llenaba de un gozo casi orgásmico incapaz de definir.


Nunca llegaron las deseadas canastas, y mira que lo intentamos de la única manera que sabíamos, suplicando a nuestros padres, para que estos a su vez presionaran al Ayuntamiento, para que nos pusieran aunque solo fuera un aro pegado a la pared de la vieja cárcel. El padre de alguno era un médico importante, el de otro era trabajador de la Junta, mi propio padre era el jefe del Gabinete de prensa del Ayuntamiento en la época de Manuel Rojas. Me consta que muchos lo intentaron, pero no hubo tu tía, y eso que hubieran conseguido hacer felices a centenares de niños de la ciudad.


Años después, treinta y cinco abriles y algunos kilos de más, me encuentro con la sorpresa de una pista multifunción construida, sin que nadie lo pidiera, en la misma puerta de mi casa, con sus dos canastas y porterías de fútbol, en un barrio, Cuartón Cortijo, de reciente construcción, en la que la mayoría de vecinos somos jóvenes parejas, algunas de las que valientemente van trayendo poco a poco a nuevos pacenses al mundo.


Ya me veía embelesado, imaginándome tan feliz y dichoso, presenciando los primeros pasos de los niños del barrio, de mi propio hijo si algún día me decido a traerlo al mundo, convertirse en el nuevo Calderón, o al menos entablando lazos de amistad, divirtiéndose con sus amigos, aprendiendo y formándose a través de los nobles y necesarios valores del deporte.



Lamentablemente, en menos de dos meses, algunos indeseables ya han destrozado los aros. Si al menos hubiera sido en un momento de gran inspiración deportiva, protagonizando el salto y posterior mate de su vida, hubiera tenido alguna justificación. Pero seamos realistas, como dice un amigo, la naturaleza vandálica del pacense es digna de estudio.



Me embarga una horrible sensación de asco y tristeza. De frustración y fatalismo. Sigamos gastando dinero inútilmente aspirando a ser Capital Europea de la Juventud, mientras recortamos en educación, y no obtendremos más que sueños, columpios y canastas rotas, adornadas de propina por colillas de tabaco de liar y alguna botella de whisky, que para colmo de desgracia ni siquiera será de Loch Lomond.

Publicado en Diario HOY el 10/04/2014

lunes, 23 de diciembre de 2013

La Juventud


Algunos lo llamaban La Oje, otros La Paz, Santa Marina o las pistas de Pardaleras. Yo siempre me referí al complejo polideportivo de la calle Stadium como ‘La Juventud’.



 El lugar perfecto para acudir un viernes después de clase o los sábados por la mañana a jugar al baloncesto, al fútbol sala, incluso al tenis, donde a lo mejor si tenías suerte, podías disfrutar de un descanso mezclándote entre el público del partido de los juveniles del Flecha Negra. 

Nunca se me ocurrió mejor lugar para pasar las interminables jornadas de verano. Recuerdo con cariño aquel enorme campo de tierra donde debuté como líbero del ‘Héroes de Cascorro de Santa Marina’, contra aquel ‘Flecha Negra’, legendario equipo local del que al año siguiente también ostentaría el honor de sudar su camiseta.

En aquellas pistas, una gran parte de mi generación aprendió todos los valores humanos que sin duda inculca la práctica del deporte, y muchos comenzamos a sentir poco a poco el importante paso de niño a hombre cuando nos entraba el cosquilleo en el estómago, al comprobar cómo las niñas del Santo Ángel se aproximaban a las gradas, cuchicheando entre ellas, aun vestidas con su uniforme, mientras nos sonreían o jaleaban para hacernos notar que estaban allí únicamente por nosotros. 

La foto de Vicente Arnelas que publicó este periódico el pasado miércoles 18 de diciembre, es una instantánea desoladora que jamás tendrían que haber contemplado estos mismos ojos que antaño creyeron presenciar lo más cercano al paraíso de la juventud y el deporte.

Pretendíamos hace dos días ser la Capital Europea de la Juventud cuando cada día en esta ciudad destruimos con toda impunidad lo poco de juventud que aun se mantiene en nosotros. 

No sé, y si les digo la verdad, ni siquiera me importa, en que diablos se convertirá aquel infierno de escombros que sobrevive a un recuerdo tan hermoso de mi adolescencia, pero yo siempre recordaré ‘La Juventud’ con la misma nostalgia y alegría con la que John Lennon recordaba ‘Strawberry Fields’, lamentando, eso sí, que ninguno de nuestros hijos podrá revivir ni uno solo de aquellos maravillosos recuerdos al convertirse en adultos, ni siquiera cerrando los ojos, como en la dulce canción de mi beatle predilecto.

Publicado en Diario HOY el 23/12/2013 

martes, 5 de noviembre de 2013

Beberse la gloria



Un reciente estudio de la cruz roja ha señalado que los jóvenes pacenses nos bebemos nuestra primera copa a la tierna edad de 13 años.

Este dato seguramente habrá podido escandalizar que no sorprender a jóvenes padres de 30 o 40 quienes seguramente hayan olvidado con el paso del tiempo que ellos contaban con igual o parecida cifra cuando comenzaron a poner de moda los botellones a finales de los 80.

Tristemente el alcohol sigue presente en una sociedad que no sólo lo tolera sino que casi lo ensalza como costumbre de buen gusto.

Loable son las campañas de información, de prevención, así como las charlas en Colegios e Institutos, pero lamentablemente, y esto es un dato tan vergonzoso como estremecedor, sigue siendo bastante más asequible la práctica del botellón que el sano ejercicio de cultivar el espíritu en el Cine, Teatro o Conciertos musicales.



Las Instituciones deben potenciar sin más demora el deporte, aliado incondicional de los preadolescentes para su formación física y psíquica, que aporta extraordinarios valores, animándolos a beberse la amistad, el esfuerzo, la entrega y el afán de superación en lugar de una botella de whisky.



Audio del programa (04/11/2013)




sábado, 18 de mayo de 2013

Las polillas del "Atleti"



Supongo que muchos de ustedes se asombrarían ayer al comprobar la cantidad de aficionados al “Atleti” que tenemos en Badajoz. Bien es cierto que muchos de los que estaban ayer noche paseando la bufanda y las camisas de su “Atleti” en las fuentes de la ciudad o tocando insistentemente el claxon de sus automóviles, son los mismos que sólo las pasean en ocasiones como esta, o sea cuando ganan un título. No digamos ya en las redes sociales, en especial en Twitter, con mensajes cifrados con mala tinta y peor leche.

Muchas de las camisetas y bufandas que vieron ayer noche estos ojitos que Dios me ha dado llevaban aún la publicidad y el logotipo de las del doblete del 96, o sea que les aconsejo que vayan aprovisionándose de antipolillas en cantidades industriales, pues vamos a sufrir aún más la curiosa plaga de estas que ya asola la ciudad.

La misma que curiosamente y no piensen mal de mi, recibimos en el verano del 96, que no me quiero ni acordar con el asco que me dan a mi los bichos. Te los encontrabas por todas partes. Lo mismo que ahora a los aficionados al “Atleti”. Van a volver a salir de hasta debajo de las piedras.



También es algo normal y entendible oiga, que le vamos a hacer. No siempre se puede estar celebrando títulos, y unos aficionados a un Club tan “Pupas” como el Atlético de Madrid tienen todo el derecho del mundo a festejar como merece el histórico momento.

 Claro que sí, me alegro mucho por ellos, y estoy convencido que cuando se olviden por fin de desearle males al Real Madrid (igual que muchos aficionados del Barça) se convertirán en un equipo grande de verdad.

De corazón les confieso que más de una vez he llegado a la conclusión de que ser seguidor de un equipo como el Real Madrid (como el menda) o el F.C Barcelona es a la postre tremendamente más fácil que de un Club como el Atlético de Madrid que le cuesta más dar una alegría a la afición.

Ahora bien, seguro que cualquier pequeño triunfo deja mejor sabor de boca que a otros que incluso se permiten menospreciar según que competiciones.



¡Felicidades a todos mis amigos colchoneros!

¡Después de todo esto no es más que un juego, y se trata de divertirse y pasarlo bien!