Don de Loch Lomond

Don de Loch Lomond

viernes, 27 de septiembre de 2013

En pelotas



Ustedes ya me conocen, no tengo ningún problema con mi cuerpo serrano, cuanto menos trauma ni complejo alguno. Ahora bien, tampoco estoy tonto, ni ciego, por lo que no se me ocurriría comparar jamás mis michelines con los abdominales de Cristiano Ronaldo

A mi favor habría que señalar que soy muchísimo más guapo e inteligente, aunque tal dosis de animosa vanidad poco o nada cuentan hoy en día en los superficiales tiempos que nos ocupan.

No considero que el 90% de la humanidad posea un cuerpo digno de ser exhibido como Dios lo trajo al mundo, lo que vulgarmente se conoce como en pelotas. Yo aún diría más, mi querido Hernández, es más que probable que esté pecando de generoso al manejar dicha cifra en tan rotunda afirmación. 

Reconociendo esta evidencia, que supongo que comparten conmigo, me cuesta mucho creer ese ansia, esa necesidad indomable, esas ganas de muchos de nuestros congéneres de ambos sexos de mostrarnos sus atributos a la menor oportunidad que se les presenta.

Me viene ahora mismo a la cabeza, por citar a algún personaje famoso, el recuerdo espeluznante del Boris Izaguirre de los primeros años de Crónicas Marcianas, en donde el polifacético showman venezolano no descansó hasta que los televidentes presenciamos sus inconmensurables posaderas tantas veces, que podían ser visionadas sin necesidad de guardar ya aquella horrible imagen para nuestras peores pesadillas. 

Gracias a Dios, mi menda tuvo la enorme fortuna de perderse el programa donde obsequió a la millonaria audiencia con unas lamentables imágenes de lo que él consideraba “su micropene”. 

En el caso del famoso escritor y presentador era obvio que sí escondía algún desorden emocional o pasado traumático, pero no por ello debemos, las personas honradas y trabajadoras, purgar pena alguna contemplando su horrorosa desnudez.

Hoy en día a la peña le encanta eso de empelotarse a la menor excusa, de verdad. Tendrían que ver (si no lo han visto ya) la de fotos y videos que rulan por Internet de personas anónimas al alcance de cualquiera de nosotros. Y no sólo de adolescentes y jóvenes, quienes quizás podrían disponer de una disculpa por aquello de la falta de madurez, sino de hombres y mujeres de todas las edades y condiciones sociales.


Todo esto lo comenzaron, si no me falla mi prodigiosa memoria, en los 90, la selección femenina de fútbol de Australia, por aquello de llamar la atención, ya que nadie les hacía caso como jugadoras de fútbol, que es lo que eran. Realmente constituyó un acierto, pues por aquellos días el asunto supuso un boom de lo más original, y consiguieron llamar poderosamente la atención de la opinión pública, y además millones de personas se maravillaron con sus atléticos cuerpos. 

También la genial y divertida película Full Monty, dirigida por Petter Cattaneo, tiene mucha parte de culpa, pues tras su estreno en 1997 comenzó a ser costumbre aquello de empelotarse para organizar algún acto benéfico, o para protestar por alguna noble causa, o por alguna precaria situación laboral

La gente puede hacer lo que quiera, pero un servidor opina que ya es suficiente con tener problemas en el trabajo como para que encima tenga uno que exhibirse en pelotas ante la opinión pública.

Quienes se pirran por quedarse en cueros para la elaboración de calendarios, o subastas para recaudar dinero, suelen ser de dos tipos. Unos, los que disponen de cuerpos esculturales y se mueren por enseñarlos, y otros, los que engañándose así mismos creen que son poseedores de dichos cuerpazos y que se mueren igualmente por mostrarlos a la concurrencia

Recuerdo con cariño un equipo de fútbol extremeño que se atrevió a hacer algo parecido a los de las jugadoras australianas, y el día que se pusieron en ventas sus calendarios sólo se escuchaban frases críticas de los aficionados sobre su físico. Lamentablemente no vendieron calendarios ni a sus familiares, quienes tuvieron el buen gusto de no comprarlos y pagarles religiosamente para la causa para no tener que soportar la horrible visión de tan esperpéntico espectáculo.


Un compañero intentó convencernos hace años de que protagonizáramos uno de esos calendarios para el año 2007. 

Su idea para la portada era la de él mismo, como no, dispuesto a cuatro patas, portando un antifaz y con el culo en pompa, con un 2 y un 7 a la izquierda y derecha de su trasero

Ya imaginarán ustedes cuáles eran los dos ceros que faltaban en el medio. 

A partir de entonces los compañeros empezamos a darle de lado, y gracias a Dios fue despedido pocos días después por causas aún desconocidas. 

Desconfíen, queridos amigos, de cualquier compañero o amigo que les comente una idea en pos de protagonizar algo parecido

La gente decente solo se despelota cuando se ducha, o se encuentra en la intimidad de su hogar a salvo de miradas ajenas. Desde estas páginas puedo prometer y prometo que no castigaré a la humanidad con la horrenda visión de mi cuerpo desnudo en la medida que me sea posible. 

Y no vayan a pensar los machotes de turno que es por aquello del tamaño, que tampoco digo yo que sea algo fuera de lo común, pero a día de hoy aún no he recibido quejas, lo cual ya es mucho

Se trata de una cuestión de principios, buen gusto, y sobre todo de educación.