Don de Loch Lomond

Don de Loch Lomond

jueves, 5 de marzo de 2015

El culo de Britney Spears



Los pertenecientes a una generación denominada del baby boom, tuvimos que afrontar la por otra parte nada costosa tarea de asumir la agotadora presencia del sexo en todos los aspectos de nuestra vida. 

A los preadolescentes de entonces, quienes teníamos que acudir a la parte trasera de un kiosko, o la sección S de los videoclub para descubir ciertas partes de la anatomía humana, nos hace gracia pensar que en cualquier rincón de nuestro día a día la presencia del sexo muestra signos de empacho que se combinan con cierta naturalidad.


Gracias al Boss quizás aquella hastiada presencia sexual irrumpió cuando ya habíamos pasado la edad del pavo, y algunos aún sabemos distinguir un buen culo de un indiscutible talento, que por otra parte no han de ser incompatibles de ningún modo. 

El sexo cada vez va teniendo una relevancia en la música comercial que en demasiadas ocasiones supera el noventa por ciento. No se equivoquen ni pretendan que el menda peque de castidad, pues me atrae como a cualquiera un cuerpo bonito, y considero que no deja de ser interesante una sutil dosis de sexualidad para otorgar un poco de pimienta al asunto. Pero lamentablemente esa pequeña pizca reservada antaño parece hoy la destinada a preservar lo poco de música que aguarda a un sin fin de numerosos artistas.


El sexo siempre ha estado presente en la música, de ahí el famoso “Sexo, Drogas y Rock And Roll” del que grupos como los Rolling Stones parecían hacer bandera.




Los propios Beatles le deben gran parte de su éxito a esa sexualidad que despertaban principalmente al público adolescente femenino, aunque no obstante jamás para ello John Lennon o el vanidoso McCartney tuvieron que posar con el culo en pompa y ligeros de ropa.







Hace poco comentaba el asunto con un periodista amigo, mostrándole mi indignación por los videos de alto contenido erótico de las divas de ahora:


  “Es que no son más que tías meneando el culo”.- Exclamaba con furia buscando el asentimiento y la comprensión de mi interlocutor.- “¡Sí, sí, pero… qué culo!”.- Respondía él. Como comprenderán me tuve que dar por derrotado. Quizás en su respuesta se adivine lo obvio de la situación, pero no me negarán que es algo triste.


Me vienen a la cabeza aquellos maravillosos video clips de los 80. Todos recordarán sin duda el “Thriller” de aquel Michael Jackson trístemente desaparecido, o el maravilloso vídeo “Take On Me” de A-ha.


Incluso en los 90, no había nada sexual en el “No Rain” de Blind Melon o el “Smells like teen spirit” de Nirvana, dos video clips que por cierto, quisieras o no, debías ver sí o sí si conectabas con la extinta MTV.






Hemos pasado en cuestión de pocos años de no contar apenas con programación infantil y mandar a los niños a la cama en cuanto aparecía un rombo, a tener canales y canales dedicados a ellos con contenido de dudosa calidad. Siempre he clamado contra canales como el Disney, en el que bajo su marca infantil le venden continuamente sexo de manera descarada a los preadolescentes. Y si no se lo creen, ahí tienen casos conocidos como Los Jonas Brothers o la insoportable Miley Cyrus, que pasó de virginal adolescente Hannah Montana a jovencita insoportable que insiste continuamente en enseñarnos su lengua y posaderas a la menor oportunidad.




Cuando divas de hoy, como pueden ser la propia Beyoncé o la exótica Rihanna, de indiscutible talento vocal y de gran belleza y voluptuosidad, muestran su disconformidad a que se les trate como si fueran pedazos de carne, se les escapan frases al estilo: “Quiero ser recordada por mi voz, no por mi culo”. ¡Cualquiera lo diría tras el visionado de los clips correspodientes a sus últimos éxitos!




Aún recuerdo cuando comenzó en esto de la música una jovencita Britney Spears. Tan mona ella, con ese aspecto de lolita picantona pero salá y entrañable. Fue la princesa del pop, con mayor o menor acierto musical aunque de indiscutible éxito comercial. Ahora que tras varios años y problemas ha crecido y ha roto en culona, ya no siente el cariño y respaldo de su público, y ello a pesar de no haber perdido un ápice de su voz.



Aquellos que se relamían contemplándola embutida en aquel mono rojo petado en el famoso “Oops i did it again” (Que por cierto, no dejaba de ser un auto plagio del tema “Baby one more time” que la catapultó al éxito un año antes) ahora la arrinconan con cierta pena y concescendencia tildándola de juguete roto.






Siempre defiendo que toda la música tiene algo que aportar, y que me parece respetable el gusto por cualquier género músical, pero cuando artistas como Jenifer López le dedican una canción a su propio culo (A ese culo lo único que le falta ya es montar su propia web) deberíamos preguntarnos si debemos meter en el saco de la música a todos los estilos.


Existe una película muy agradable de visionar. Una comedia romanticona de Drew Barrymore y Hugh Grant. Se llama “Tu la letra y yo la música”, y en ella una vieja gloria ochentera, que bien podría ser una parodia de Andrew Ridgeley, ya saben, el “otro” de Wham!, se ve obligado a escribir un tema para una gran estrella juvenil emergente, Cora Corman, interpretada a la perfección por Haley Bennett, quien es capaz de completar en un solo personaje a divas como la propia Britney Spears, Shakira o Cristina Aguilera.


De corazón la recomiendo para todos aquellos que quieran hacerse una idea de la diferencia existente entre lo que significa vivir para la música o vivir de la música.


Y quién sabe, quizás ahora, que no estarán tan pendiente de su culo, la propia Britney podría sorprendernos con un disco de calidad ¿Por qué no? Aunque de corazón les confieso que aunque así fuera, no se lo iban a permitir.




Menos mal que existen artistas, que ofrecen canciones y video clips en los que el sexo no lo es todo, y si no, que los famosos realizadores y guionistas de las grandes divas y boybands les echen un ojo al “¡HAY!”, de Los Ganglios, y ya verán lo que son capaces de hacer algunos con 4 duros y una dosis extra de indiscutible talento.